lunes, 17 de octubre de 2011

Unax, las máquinas y su pulgar oponible



Unax, mi sobrino, nos saluda efusivamente, está contento de vernos, está feliz, a los dos segundos me pide el móvil, yo no sabía que había juegos en el móvil hasta que hace unos años él me lo dijo. Se lo dejo con el asentimiento paterno y materno, y Unax desaparece, fija sus ojos en la pantalla de la blackberry y mueve sus dedos con la agilidad propia de un experto digital, su pulgar oponible baila por la pantalla con brío y energía. "Una partida sólo", dice sin creérselo él mismo, por gestos y muecas, se adivina su resultado, suerte de vidas extras y máquinas que no cuestan más que tiempo.


Mirándolo me creo ver a mi mismo de pequeño, tirado en el suelo leyendo tebeos de superhéroes y villanos, de hombres de metal y grandes gigantes verdes, viñetas que me trasladaban a otros mundos, dibujos que me hacían soñar. Desaparecía de grandes y mayores, no oía sus gritos y advertencias: "te vas a quedar frío en el suelo", "deja ya esas chorradas", mientras sus voces se desvanecían en mi mente, mis pulgares oponibles sujetaban el comic y mi dedo índice pasaba página, "una página sólo", decía sin creérmelo, por gestos y muecas, se adivinaba la pelea del héroe, suerte que siempre se podía volver a leer desde el principio y parecía, cada vez, una historia nueva, pese a leerla cientos de veces.

domingo, 16 de octubre de 2011

Mi gran Pilar



Pilar, mi Pilar Castillo Lía, mi amiga, mi trocito de madre, mi confidente, mi compañera de trabajo, mi hombro de lágrimas, mi sonrisa perpetua, mi objeto de bromas, mi ayuda en los malos momentos, mi razón laboral,… mi gran Pilar.

Conocí a Pilar el primer día que entré a una Agencia de Publicidad, al segundo día ya estaba allí trabajando, Pilar siempre estaba detrás de una mesa, pegada a sus números y cuadrando aquellos bonitos libros de contabilidad hasta la última peseta. Pilar era (y es) la alegría de la huerta, con su sonrisa grácil y su inocencia infantil, era bastante fácil hacerla sonrojar. Los días con ella eran diferentes, bromas de oficina y engaños de jefes que pasaban facturas de cuatro carburadores para un mismo coche. Pilar era mi amiga-madre en la oficina, separada y con dos niñas, dignas herederas de su madre, Sara y Bea, la recuerdo con una energía tremenda, incansable, infatigable y muy divertida.


Cuando pasamos a ser Acys y yo entré en la sociedad, nos unimos todavía más, los dos trabajamos más que nadie para sacar el proyecto adelante, con ella compartí momentos duros, donde casi no teníamos ni para comer, y compartíamos los caldos que mi madre nos traía, o justo nos daba para comprar un bocadillo de baguette barato que hacían en un sitio cercano a la Plaza España. En aquella oficina viví sus amores y desamores, sus peleas y sus noches sin dormir, su infatigable mono de tabaco, el amor perdido, sus novios en lista de espera y todo con la mejor de las sonrisas. Así fuimos creciendo, poco a poco, hasta empezar a aprender un oficio en el que gracias a ella yo me quedé con toda la empresa, después de pasar desencuentros con el otro socio, ella tenía sus sueños, sus deseos y sobre todo, quería mi felicidad.

Se marchó para el sur, con la intención de descansar, y así lo hizo unos años, breves por desgracia, su madre, la gran señora Carmen, la eterna suspiradora, se puso mala y Pili, lo dejó todo por cuidarla, se dedicó a ella en cuerpo y alma, lo dio todo, su tiempo y sus mejores años, después de tantas cosas pasadas. Pasamos un tiempo viéndonos esporádicamente, y siempre con cervezas y risas, pero el trabajo, con su impasible mazo, me hacía postergar el momento de llamarle, aunque siempre encontrábamos un hueco para vernos. Este año la llamamos para darle la alegría de que Ana estaba embarazada, sabíamos que sería una de las personas que más se alegraría, y así fue, pero nos contó que estaba en tratamiento ya que le habían detectado esa enfermedad que nadie quiere nombrar y que por desgracia tantos sufren, estaba en pleno tratamiento. Cuando se encontró un poco mejor quedamos en vernos, y recuerdo que fue como si no hubiera pasado el tiempo, la seguía queriendo como el primer día que la vi, ver su sonrisa de nuevo era un bálsamo, estaba como siempre, tan coqueta que la peluca apenas se notaba, charlamos y reímos y quedamos en vernos pronto cuando ella acabase el tratamiento.

Nació June, y llegaron las vacaciones, siempre con miedo de llamarle, un miedo irracional, pero miedo. Siempre me daba a mi mismo, largas para llamar, mi mente buscaba excusas, tenía miedo. El pasado domingo que salimos a dar una vuelta, hablamos de ella, y por esas casualidades de la vida, cuando fuimos a tomar algo a un bar en la calle Heroísmo nos la encontramos, mis miedos se perdieron y me inundó una gran felicidad al verla, estaba guapísima, ya con su pelo, cortito y de color chillón, como es ella, la quimio ya había pasado, y ahora sólo le quedaban por delante unos años de pastillas y control, estaba radiante, feliz,… como siempre.

Hoy que es tu santo te felicito, aunque ya sabes que yo soy poco de felicitar en el día, me alegro de haberte conocido y quiero que sepas que tú siempre serás mi gran Pilar, mi Castillo o mi Lía, todo depende de lo guerrera que estés ese día. Te quiero Pilar y a tus vástagas también.

viernes, 14 de octubre de 2011

Una de romanos



César Augusto tuvo la suerte de vivir el año cero, nació llamándose Cayo Octavio Turino, en una Roma de césares un 23 de septiembre del 63 antes de Cristo. Fue adoptado por Julio César en su testamento, su tío abuelo a los 19 años, después de que en los idus de marzo tras proferir su Ista quidem vis est? fue asesinado por Casca, Bruto y todos los artífices de su conspiración, pasando a llamarse desde entonces Cayo Julio César Octaviano, y así se llamó hasta los 36 años. Fue a esta edad cuando el Senado le concedió el cognomen de Augusto, pasándose a llamar Cayo Julio César Augusto.


Entre tanto nombre y tanto lío, sus tropas fundaron una colonia permanente en Hispania el 14 a. C. a la que llamaron en su honor Caesaraugusta, ordenó su deductio a Marco Vipsanio Agripa, es decir que trasladara los gustos y arquitectura romana al nuevo lugar. En la fundación de la ciudad participaron soldados veteranos de las legiones Macedónica, Victrix y Gemina, que habían sido licenciados tras las duras luchas contra los cántabros, que pretendían fijar su residencia en esta nueva ciudad. Trazaron el decumano y el cardo como en sus campamentos de guerra, el largo, el decumano son las actuales calle Mayor, Espoz y Mina y Manifestación, y el cardo, el corto, es la actual calle de Don Jaime.


Fue gracias a Augusto, al que debemos nuestras formidables vacaciones de agosto, en el calendario romano original el sexto mes se llamaba sextilis, en un alarde de originalidad, así que pasado el tiempo decidieron ponerle el nombre al mes de Augustus en honor a su emperador, ya que muchos logros de su imperio tuvieron lugar durante el sexto mes romano, como la caída de Alejandría. A él le tocó vivir el año cero, aunque no fue consciente en vida, ya que la contabilidad de los años actual, fue un invento posterior, lo que le otorga ser el último emperador a. C. y el primero d. C., original que era Cayo.


Fuente wikipedia y otros

jueves, 13 de octubre de 2011

Ciudad en tiempos



Las ciudades se crean, se viven, se transforman y se marchitan. Sobre su piel van surgiendo formas, elevaciones, como granos surgen infectando el paisaje natural, cada uno con su color, con su estilo. Al final  son tan sólo huecos donde soñar, pero se convierten en sueños de casas que contar, en un valor económico,  y lo de dormir pasa a ser lo menos importante, ahora hay otras cosas que quitan el sueño. Cuando miro a la ciudad y veo sus restos, pienso que tal vez nos estemos equivocando, que todos los tiempos son iguales, y que si te fijas bien, se puede ver lo que no queremos ver, que nadie ponga paredes a nuestros sueños.

martes, 11 de octubre de 2011

Los Pilares



Corre el cierzo por la ciudad, ya son Pilares, baña el frío Zaragoza, ya son Pilares. Siento decir que nunca me gustaron mucho estas fiestas, tal vez nunca las sentí mías, siempre me creí un poco más de allí, que de aquí, o tal vez, simplemente, nunca las entendí. Para mi las fiestas del Pilar siempre fueron jersey nuevo y pasear para ver por el día, para no poder pasear ni ver por las noches en las que una marea de gente te arrastraba de lado a lado de la calle buscando un bar repleto donde aparcar. Todavía recuerdo un jersey negro jaspeado con tres tachuelas en un hombro, un jersey que empezó grande y acabó estrecho, un jersey de esconder tabaco e historias, un jersey que hacía de todo, menos abrigar.


De día gran vías repletas de puestos y gentes, familias que pasean y zombis que deambulan por las aceras en busca de refugio mañanero. Artesanía y viandas por todos los sitios, colgantes y pendientes, dádivas y regalos por cumplir. Vaquillas con madre, risas y risas, en un coso repleto de blusas y jarana, lleno de vino y almuerzos gigantes, volteretas en el aire y doblajes a lo "humor amarillo". Paseo Independencia arriba y calle Alfonso abajo, paseo va y paseo viene, mientras las aceras las toman músicos de devoción y payasos de adopción, poetas que riman en las esquinas y pintores que de las aceras sacan lienzos. Cañitas y bares, berberechos con un poco de prisas y empujones, en un teatro de disfraces folclóricos, voces altas y bandurrias en el hilo musical de todos los sitios.


De noche conciertos y bocadillos del Calamar bravo, amigos y bares llenos, imposible pedir ni ayuda. Fuegos sobre el río y luces sobre el cielo. Noches largas de frío intenso, noches de barullo marrulleras, noches quedas, noches que se olvidan al llegar la mañana. Noches de fiesta sin más justificación que la ofrenda, fiesta y fiesta por que sí. A los pilares los quiero y los niego por igual, y cada vez que llegan sólo pienso en que jersey hubiera estrenado mañana.


Felices fiestas maños, que el Pilar esté con vosotros.

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