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martes, 24 de diciembre de 2013

Tardes de Nochebuena



Después de unas semanas de duro trabajo que me han robado alguna hora más de sueño de las pocas que suelo usar, tomo aire y escribo con sonidos a villancicos, olor a marisco, frío en la calle y sudor en las casas. Así son las tardes de nochebuena, desde la calle silencio y gente abrigada; pescaderías que cierran tarde y pillan despistados de los que nunca tienen prisa de nada; apenas sucede nada, todo lo que tiene que pasar se fragua dentro de las casas, dentro de las cocinas y gran parte de los salones. Todos empiezan a llegar al calor de buenos deseos, algo de hambre y preparados a calentarse con buen vino y cava para olvidar y repetir las discusiones de sentido.


De niño recuerdo estas tardes dejando trabajar, en soledad pero en paz, a mi madre en la cocina. Mi padre ejercía de guía por una ciudad que provocaba vaho de las bocas y donde las luces de colores rellenaban los escaparates y las calles. La trenca abrigaba pero nunca parecía suficiente y sólo la velocidad del paso paterno aliviaba un frío húmedo que se calaba hasta los huesos. Visitábamos a nuestro tío en la pensión y le invitábamos a cenar, eran tiempos sin móviles y la gente se volcaba en las calles con bolsas y deseando pasar una noche buena, tal vez el mejor nombre para los deseos de una noche que más que buena, suele acabar llena.

Feliz nochebuena y Navidad a todos.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Dibujo by Goñi 021



Últimamente no tengo mucho tiempo para dibujar, así que aprovecho cuando tengo los sobrinos en casa y a June para dibujar en la medida que puedo con ellos. Primero me toca satisfacer sus demandas, les hago lo que me piden en línea y luego les propongo que lo coloreen como quieran. Mientras se hayan entretenidos en tal faena yo garabateo lo que puedo por mi cuenta, así nació este Frank Kafka el autor de mi novela ficticia: "La metalmorfosis contra la osteoporosis y otras cosas que acaban en osis".


Al principio, Daniel me pidió un monstruo de cuatro brazos, pero como parece ser que no le gustaba el que estaba haciendo ya que quería que fuera vampiro, lo usé luego para ir dibujando lo que me pedía June, así aparecían nenes, Vito nuestro gato, un mono, mariposas y hasta un dinosaurio. Todo un reto intentar plasmar sus peticiones.


La petición del monstruo vampiro de cuatro brazos se acabó convirtiendo por sus peticiones subrealistas en una patata vampira de cuatro brazos y cuatro pelos. Me encantan estos retos tan fantásticos.


Finalmente me pidió un Frankenstein al que no entiendo muy bien por qué, pero decoró de verde como si se tratase del increíble Hulk, la Masa para los que leíamos tebeos antiguos. Juntarme con ellos es la excusa perfecta para volverme a convertir en un niño. Por cierto, ellos no entendían mi dibujo, no era ni un monstruo, ni un gato. Deliciosos niños.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

El abuelo Valentín



Me dicen que te conocí, pero no lo puedo recordar. Apenas tenía unos meses de vida. Intuyo que tus grandes manos curtidas por el duro trabajo me tomaban como si fuera un juguete. Mi padre me cuenta que viniste a verme a Zaragoza, en las navidades de aquel año 1968. Pero no lo puedo recordar. Me imagino que me dirías cosas, pero tu voz no me ha llegado. Intuyo que sería grave y ronca, fruto de fumar cuarterón, Ideales o lo que se podía. Pero no la puedo recordar.


Ahora que veo a tu hijo convertido en abuelo y lo veo tan diferente al que fue mi padre. Ni malo, ni bueno, pero distinto. Juega y sonríe como un niño más, seguro que te haría gracia verlo, abuelo. No sé si tú serías así conmigo, me extraña, los tuyos eran otros tiempos. El 3 de noviembre hubieras hecho 117 años, que se dice pronto. Venías de hace dos siglos que parece mucho y tan sólo eras mi abuelo. Pero nunca te pude felicitar, ni tirar de tus orejas, ni acariciar tu pelo.


Te busco entre sombras con tu boina hacia atrás y no te encuentro. Me hubiera gustado tocarte, sentir tu piel dura y tu barba recia. Mis padres no recuerdan si te volví a ver con 1 ó 2 años, yo menos. Tal vez compartí contigo aquel olor característico de Anguiano en mi infancia, ese olor a ceniza de chimenea y animales en las calles y las casas. Seguro que me habría colado entre tus piernas, para después querer quitarte el bastón que te sostiene. Quien sabe si ese día existió, si tal vez dormí en tu regazo.


Me duraste poco, muy poco, demasiado poco. Apenas tenía dos años y medio cuando el día de nochebuena dijiste adiós con 74 años. cinco menos de los que tiene tu hijo, mi padre, ahora. No recuerdo nada de ese día, pero de eso me alegro. Te dejaron en el cementerio de Anguiano, acompañando a tu mujer que te había dejado 13 años antes. Me gustaría saber si te di un beso, pero no lo recuerdo, te marchaste sin decírmelo.


Ahora, pasado mucho tiempo, miro las fotos y por más que lo intento, no te puedo recordar. A veces me encuentro buscándote entre sueños para ver si apareces y cuando creo verte, me doy cuenta de que es un sueño, y a veces, para consolarme, hasta lo pongo en duda. Abuelo Valentín, me hubiera gustado poder recordarte, pero mucho más me hubiera gustado, poder tenerte.

martes, 5 de noviembre de 2013

Uxue de mi vida



Me encantan tus ojos negros. Me encandila esas chispas que nacen dentro de ellos. Me pirro por tu sonrisa y tus dientes tan graciosos. Me gusta como empiezas cada frase. Me abrumo con tu inocencia y tus risas dubitativas con mis bromas. Me fascina cuando me das un abrazo de los que me traspasan. Me encanta hacerte reír y sentir tu profunda risa aunque sea por teléfono.


Eres mi sobrina preferida, la niña dulce que me da mucho más de lo que yo le doy. El 2 de noviembre cumpliste 7 años, y no sabes lo cortos que se me han hecho. Me hubiera gustado estar contigo y tirarte de las orejas, sin hacerlo de forma virtual, pero ya lo haré. Felicidades mi niña, tu eres la Uxue de mi vida.

martes, 22 de octubre de 2013

Adiós, coleta, adiós



Hay días en los que toca dejar atrás algunas cosas. A Unax le tocó antes del verano. Había conseguido dejarse una gran coleta durante bastantes años que había trenzado y cuidado con esmero. Sin quererlo, me vi reflejado en él, yo también me dejé coleta como él, aunque no tan joven, eran otros tiempos. Mi pelo rizado la convertía en un tirabuzón curioso y para nada se parecía a la de Miguel Bosé que era el que la puso de moda en aquellos años.


La de Unax trenzada evitaba el último giro revoltoso del pelo. Unax la lucía con orgullo, habría matado por ella, pero un día dijo basta, y se la cortó. Sin mayor historia, creando un antes y un después. Todos vamos dejando historias físicas por el camino, pelos largos, barbas, perillas, bigotes,… el caso es experimentar y probar para luego quedarnos como más nos gustamos.


Desde ahora, Unax ya sólo puede decir: adiós, coleta, adiós.

jueves, 17 de octubre de 2013

Felicidades hada madrina



Aunque un poco tarde, no quiero dejar de felicitar a mi tía Loli, en un año tan especial como este en el que por fin se jubila y en unos tiempos en los que esa palabra suena con un retintín de miedo muy particular. En septiembre llegaba a esa cifra que algunos jóvenes de hoy en día sueñan y otros temen, y para a los que les llega simplemente supone un punto final a una etapa en la que nada más cambia, pero se rompen todas las rutinas que antes parecían odiosas y después se convierten en maravillosas.


Mi tía Loli siempre fue de un carácter muy peculiar, para mi encantador, ella siempre ha tenido cierta debilidad por mi humor y no en vano fue mi hada madrina el día de mi bautizo. Nació en Leache y siempre fue la pequeña de casa Matías, un padre al que pudo disfrutar poco y al que seguro hecho mucho de menos. Se crió a la sombra y a la luz de sus hermanos. Maribel, mi madre, era la mayor, y era los pies en el suelo. Jesús, el de en medio, los sueños y las puertas abiertas a un mundo distinto. Cuando se instalaron en Zaragoza su vida cambió, dejó atrás un pueblo por el que nunca ha sentido ni la más mínima atracción, habría que saber que recuerdos infantiles dejó allí enterrados.


Se casó, tuvo tres hijos y nunca paró. Su energía y dinamismo siempre le han acompañado. Las ideas claras y voz de mando nunca le han faltado, al igual que un odio terrible a que le toquen el pelo. Muchos años han pasado ya desde que nos conocemos, pero siempre la he sentido igual, con su media sonrisa, con sus ganas de reírse, pero no de parecerlo, con ese brío acompañado de una queja, y con esas ganas de saber cosas, mientras no para de hacer otras.


Pasa el tiempo, las fotografías lo recuerdan, pero dentro de uno mismo siempre se tiene la sensación de que las cosas tampoco cambian tanto, y que en mi tía que hace poco ha cumplido años y jubilación, queda mucho todavía de aquella niña que aguantaba la sonrisa con su pelo bien peinado con una trenza por detrás. Pasará el tiempo, pero no para tí hada madrina.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Abrazos que lo son todo



Ahora que el tiempo me devora y apenas me deja huecos para descansar las neuronas. Ahora que he necesitado volcar todas mis madrugadas, abandonando lecturas y diálogos en mis blogs, por causa de un trabajo que cada vez exige de más esfuerzos. Ahora que veo poco a lo que más quiero, que sueño en la distancia de mis amigos y que ni pájaros ni libros me logran consolar. Ahora que llego a casa reventado de reuniones y con la cabeza tejiendo marcas y estrategias. Ahora que abro la puerta y mi niña me viene a abrazar desde lo lejos con las manos abiertas y se queda en silencio agarrada a mis piernas mascullando "papá, papá,…". Ahora me doy cuenta que los abrazos lo son todo.


Son ese mecanismo que te hace desconectar, esa sensación que te obliga a contener una lágrima que le gustaría viajar por entre los que se abrazan. Siento ese abrazo infantil como una de las sensaciones más intensas de mi vida, como la razón que lo justifica todo. Y ahora que sus manos sin soltarme todavía me dan cachetes en los muslos para sentirme más, creo que no podría vivir sin ellos. Sacar un segundo para compartir, por pequeño que sea siempre merece la pena. Ahora que sé que los abrazos lo son todo, dejarme entrar en vuestros corazones de nuevo que os espero con los brazos abiertos.

martes, 3 de septiembre de 2013

Agua del pozo y las rancheras del verano



Ciertamente en estos días de primeros de septiembre no me dejan de llegar, por un lado o por otro, recuerdos de los veranos de la infancia y la juventud. El otro día, por casualidad, por necesidad o por que sí, volvía a oír los ecos de una ranchera que me encantaba bailar en las fiestas de Leache o en las de cualquier pueblo de Navarra que frecuentábamos todos los fines de semana. La ranchera era Agua del pozo.


A mi recuerdo llegaron las orquestas prehistóricas que subidas a un remolque ponían música a las noches de fiesta en el cálido agosto. Las rancheras estaban en todos los sitios, la Ribera siempre rinde un gran homenaje a la música mexicana. Más de uno han sido los conciertos que hemos visto del Duo Gala en la Géminis de Sangüesa. Al compás del acordeón, Óscar de Salaverri se encargaba de ponernos las notas de un verano teñido al calor de las rancheras de la Dúrcal.

Aquí os dejo la canción que despertó mis recuerdos:



lunes, 2 de septiembre de 2013

Ese sabor a final de verano



Ahora que los tiempos lo cambian todo por ese látigo sadomasoquista llamado tecnología que nos mantiene conectados al trabajo y a nuestro mundo, durante ese sacro período que llamábamos vacaciones, me viene ese sabor lejano, teñido de olor a infancia y juventud que era el final del verano. Las vacaciones siempre empezaban renqueantes, les costaba arrancar, el punto en el que se habían quedado el año anterior se había borrado y las amistades veraniegas cambiaban aunque las personas seguían. Conforme se llegaba al final del verano todo parecía acelerarse, como si lo que no se hubiera hecho había que hacerlo con prontitud, con celeridad y surgían los días más maravillosos del verano, los últimos, los que no se debían acabar nunca.


Era en esos días donde surgían los besos a escondidas, los amores insospechados, los amigos eternos, las noches con sabor a alcohol y mucho sudor, los abrazos llenos de promesas, las aventuras que no parecían reales, los descubrimientos soñados, las cenas eternas que la luna ilumina, la oscuridad buscada de lo prohibido, los corazones que no paran de seguir a las olas, y tantas, tantas cosas que llegaban en los últimos días como punto final de unos días que no deberían acabar.


El último día sentenciaba la tragedia, mientras los padres apretaban las maletas encerrando los sueños del verano, a uno se le encogía el alma, buscaba en los primeros rayos de sol de la mañana que ese día no acabara, que se alargara lo más posible, casi hasta hacerse eterno. La infancia y la juventud permitían esa ignorancia. Pero aquellas maletas llegaban arrastradas hasta el coche, igual que mi cuerpo que se negaba a dejar ese sabor a final de verano.


El camino de vuelta era como el recorrido de un coche fúnebre, la alegría del día anterior teñida con aroma de despedida se había transformado en tristeza, en pena de no querer soltar lo que se alejaba con cada curva. Al llegar a casa, tocaba reencontrarse con lo cotidiano, con las cartas de amor que escondían perfume entre sus extremos rotos de un cuaderno, volver con los viejos amigos que en su cara, todavía muy morena, reflejaban un final de verano que tampoco hubieran querido olvidar.


Ahora que miro a la gente llegando de vuelta a la ciudad, mirando sus caras morenas y el brillo de sus ojos, me he acordado de ese adiós al verano que tenía ese sabor tan especial que después de tanto tiempo todavía me seguía poniendo los pelos de punta.

lunes, 24 de junio de 2013

41 Años juntos



Tal día como hoy hace 41 años que se casaron mi tía Loli, mi madrina, y mi tío Gaude, mi cómplice de bromas. Con cuatro años recién cumplidos acudía a la boda de mis tíos, sin saber muy bien que significaba eso. Lo que recuerdo es mucha gente, y todos comiendo juntos, la mesa repleta de gaseosa, agua y vinos para los mayores, copas de formas raras y una comida muy especial.



La boda fue en el restaurante Sella, cuando estaba en la calle Príncipe Baltasar Carlos, junto a Compromiso de Caspe, no recuerdo nada del sitio, pero también es difícil para un niño que levanta tan poco del suelo y al que los mayores tapaban toda la vista. No obstante, mi madre, no nos quitaba ojo de encima, a mi hermano y a mi, era uno de nuestros primeros eventos y le preocupaba más la que podríamos liar, que poder disfrutar de la boda de su hermana.



Mis tíos estaban guapísimos, con ese encanto que aportan las fotos antiguas. Mi hermano y yo nos hicimos una foto en la mesa presidencial, vestidos plenamente de blanco, con unos polos y unos pantalones cortos estilo tenistas de Winbledon. Mi hermano no escatimó la mejor de las sonrisas y mi pelo rebelde se dejaba entrever a diferencia del corte tazón de mi hermano. Mis padres, detrás posaban para la foto, y a la derecha también se dejaba ver mi tío Jesus y sus bigotes en la función de padrino.


Tenía cuatro años, pero comía solo o lo intentaba. Nos colocaron en una esquina, sino recuerdo mal tuvieron que añadir una mesa ya que no habían puesto bien los cubiertos y a mi me pusieron cerrando el grupo. Allí disfrutamos del típico plato de entremeses con jamón York, algo raro entonces, lomo al ron, jalatina de ave, pavo trufado y lo mejor, la ensaladilla rusa, con mayonesa natural, y las aceitunas rellenas. Después pasamos a los calamares y croquetas y ya no recuerdo si comí más o me reservé para la tarta.


Me hace mucha gracia ver la foto de entonces, en las que las comidas de las bodas eran de comidas sencillas y en las que se valoraba más la cantidad que la calidad. Gaseosa Konga y mi hermano asomando del codo de mi padre y bebiendo de una copa de champán, espero que fuera gaseosa. Cuarenta y un años han pasado desde entonces y mis tíos siguen más juntos que nunca. Felicidades.

viernes, 14 de junio de 2013

Mitad y mitad



Hoy, en la casi mitad del mes. Hoy, en la casi mitad del año. Hoy, en la casi mitad de mi vida, es mi cumpleaños. A mi espalda, 45 años. En frente, espero que lo mismo, por lo menos. Podría ser el momento de hacer balance, pero es la mitad de acuerdo. Una mitad me dice que desde el niño que fui al que soy hay poco que contar y mucho que disfrutar. La otra mitad me dice la vida se hace poco a poco y que no he hecho más que empezar.

En la mitad de la mitad, me encuentro tan soñador como apasionado, tan triste como payaso, tan padre como hijo, tan feliz como una infinita sonrisa. Tan sólo una media persona que tiene media vida por delante para conseguir el amor que he conseguido en la otra mitad.

Amigos, amigas, compañeros de camino, padres, hermano, familia y más familia, y a mis tres amores, os regalo la mitad de un abrazo, la otra mitad será un abrazo de los de verdad, de los de piel con piel, de los que no se cuentan, se sienten.

Gracias por estar ahí, por verme y escucharme, a pesar de estar aún a medias de hacer, a mitad y mitad, pero intentando hacer un todo, que cada día, me ayude a ser un poquito mejor persona.

martes, 11 de junio de 2013

Hubo un indio Tonto



Y como podéis ver no miento, era Tonto y con mayúsculas, y es que así se llamaba originalmente el indio nativo potawatomi que acompañaba de forma astuta y fiel a su compañero de aventuras El llanero Solitario, The Lone Ranger. En los países hispanohablantes para evitar el terrible nombre que se le había puesto al indio, decidieron llamarle Toro, y nosotros así lo conocimos en la infancia, ni nos imaginábamos que en realidad su nombre era otro, de haberlo sabido, nadie en nuestros juegos infantiles hubiera querido ser el indio en la pareja de héroes.


Sentados enfrente a una televisión en blanco y negro comenzaban: "Un fogoso caballo con la velocidad de la luz, una nube de polvo y un caluroso "Hi-yo, Silver", El Llanero Solitario". Nos quedábamos pegados sobre el sofa de skay, mirando como un caballo blanco levantaba polvo sobre unos campos llenos de cactus y grises (lo veíamos en blanco y negro) y un fiel compañero, Toro para nosotros, Tonto para el resto del mundo le acompañaba para restaurar la paz y el orden.


El indio Tonto era el enigma de la serie, su compañero se llamaba el Llanero Solitario y de solitario tenía poco, ya que lo tenía a él de compañero, así que pocas veces nos podremos encontrar con nombres tan desacertados en los personajes de una historia de aventuras.


Tonto era un indio Potawatomi, lejos del encanto de otras tribus como los Siux, Cheyenes, Cherokees o Pies Negros entre otros. Pero a Tonto le tocó esta tribu que le tocó vivir como el hombre blanco entraba en su aldea y arrasaba con todo. Entonces se llamaba con un nombre bastante facilón: Pahoo-Ka-Ta Wah, que era como le llamaban sus compañeros de juegos indios.


El niño fue el único superviviente del ataque del hombre blanco y fue recogido por una caravana que iba hacia México. En ella estaba otro niño, John Reid, al que Pahoo-Ka-Ta Wah llamó Kemo Savai, para entenderse mejor en este trabalenguas de nombres, que quería decir en el idioma de su tribu, "Camisa blanca". Otra tribu Potawatomi atacó en venganza a la caravana y el niño indio de nombre imposible salvó a su amigo, el que lavaba más blanco del Oeste, y desde ese día hicieron un juramento de sangre por el que se convertían en hermanos.


Ambos dos eran niños, y la familia de John Reid, agradecida por su ayuda decidieron abandonarlo en una misión mexicana cerca de la frontera. ¡Adiós! Pahoo-Ka-Ta Wah, le decían mientras se marchaban en busca de fortuna. El niño indio se volvió callado e introvertido ante tal señal de afecto y a los monjes no se les ocurrió otra cosa que llamarlo Tonto, en otro alarde nuevo de sabiduría para poner el nombre exacto a las cosas. Tonto duró poco allí y se fugó a una tribu Potawatomi, pero no fue bien recibido, así que se volvió errante buscando al asesino de su familia que era un tal Cavendish.


Un día estuvo a punto de pillarle, pero cuando llegó era demasiado tarde, Cavendish había asesinado a a todos los Rangers, y uno de ellos era su hermano John Reid, que se encontraba moribundo. Le salvó entre embrujos y hechicerías. Y ya recuperado decidió cambiarle el nombre por el de Lone Ranger  o el Llanero Solitario, era lo lógico ahora que iban a ir juntos a todos los lados. El Llanero por su parte agradeció a su amigo que decidiera llamarse Tonto, ya que lo de Pahoo-Ka_Ta Wah era un poco pesado.


La venganza marcó desde ese momento la vida de Tonto, su amigo y el caballo Silver. No escatimaban en detalles y tiraban con balas de plata para que sus enemigos después de muertos pudieran conservar una joya de recuerdo. Tonto ejercía como tal, y se hacía pasar por lo que su nombre barruntaba (ahora entiendo muchas cosas que con el nombre de Toro no le pegaban en la versión hispana), parecía que justo sabía hablar y sin embargo dominaba el inglés, el español y todas lenguas indias de la comarca, y posiblemente tenía algún Máster en Oxford.


La relación entre Tonto y el Llanero Solitario no acabó bien, al fin y al cabo, uno era un camisa blanca y guapo, y el otro era un indio y Tonto. Una vez que pillaron a Cavendish, el Llanero quería matarlo en venganza, y Tonto llevarlo para que lo juzgaran los indios, ya os imaginaréis quien salió ganando. Pese al cabreo de Tonto, le pidió a su amigo seguir luchando contra las injusticias pero el Llanero, colgó sus espuelas y se dedicó a disfrutar un poco de la vida. Y Tonto se quedó haciendo lo que su nombre decía.


En el 2012 se ha rodado "The Lone Ranger" y creo que en España todavía no se ha estrenado. La dirección corre a cargo de Gore Verbinski, que también ha estado en la dirección de Piratas del Caribe, La Señal, The Mexican o Rango entre otras. Walt Disney como no podía ser de otra forma está detrás del proyecto


En el papel de Tonto está Johnny Depp que da una particular visión del personaje, en la que tiene poco de tonto y se convierte en un cruce entre su pirata favorito y Jerónimo. Una película que vendrá a España seguramente a finales del verano y que solo por ver a Tonto o a Depp merece la pena, y es que aunque yo no me lo podía creer, una vez, hubo un indio muy Tonto.


Os dejo con el trailer de la película:



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lunes, 3 de junio de 2013

Mami, mamá, madre, la abuela



Ayer mi mami, mi mamá, mi madre, la abuela cumplía 72 años. Con tanta vida detrás y las muchas ganas que tiene de mirar hacia adelante. Mirándola mientras nos preparaba la comida familiar de domingo en la mesa de siempre, repleta de platos y comida, y cada vez con más gente que le llenan la sonrisa, veía a la madre que no me ha fallado desde el día en que nací y hasta unos meses antes de conocerme. Ella repartió su corazón entre todos y todavía le quedan trozos para el nieto y las nietas que llegan a iluminar su vida. Pero esa abuela, antes, mucho antes fue mi mami, mi mamá y mi madre.


Mi mami apenas se había acostumbrado a los llantos de un niño pequeño como era muy hermano, cuando a los 18 meses llegué yo, agobiándolo todo, haciéndola dormir mucho menos y robándole días y noches para cuidarnos. Ella era la mami que nos abrazaba y dormía entre sus brazos cantándonos melodías que acunaban nuestros oídos. Le quitamos años de su juventud, pero ella nos los regaló sin pedirnos nada, tan sólo disfrutando cuando nos miraba dormidos en la cuna.


Mi mamá llegó un poco más tarde, le tocó ser nuestra domadora. Dos niños traviesos y pillos que saltaban dando volteretas por el sofá, el mismo sofá que era víctima de unos pinchos que contenía uno de esos recuerdos que se traen de la playa y que acababan clavados sobre los reposabrazos. La poníamos a prueba en todo momento y muchas veces le hacíamos perder los nervios, pero mamá siempre estuvo ahí, ayudándonos, obligándonos a aprender el padrenuestro y el credo a cachetazos para no cambiar el orden de las palabras. Cuidaba de la casa mientras nosotros jugábamos a baloncesto en los pasillos o utilizábamos la estufa como medio de transporte.


Mi madre apareció años después, tras vernos crecer y hacernos personas, aguantar nuestros disgustos y disfrutar de las alegrías. Nos dejó ser, pero siempre veló por nosotros, y al final de todo no faltaba una palabra de cariño en una madre que nunca ha sido muy besucona. La muerte de su madre y los dolores de su rodilla cambiaron un poco su gesto, su humor, su dolor al tener que decirnos adiós cuando marchamos de casa para emprender nuestras propias vidas. La dejamos en casa, con mi padre, recordando nuestras correrías y travesuras, viviendo como madre nuestros problemas y disfrutando de las cosas que nos iban bien. Era la madre que siempre llama para saber que has llegado bien.


Y el tiempo la hizo abuela, multiplicó su sonrisa y rejuveneció. Sus dolores desaparecieron, o al menos no los quería recordar. Se dejó llevar por sus sentimientos, se volvió niña para entender a sus nietos. Sus ojos se hicieron más grandes y sus arrugas no delataban su ánimo. Ahora, mi mami, mi mamá, mi madre es la abuela. Miro a mis niñas y jamás les podré contar todo lo que quiero a la que me dio la vida y me ayudó a ser quien soy. Felicidades madre. Te quiero.

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