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lunes, 11 de noviembre de 2013

Carteles y mensajitos 032: Invisibles



Un pueblo perdido en el Mediterráneo. Yo desde el coche más perdido todavía. Continuamos por una carretera sin saber bien si vamos al destino correcto. Todo son dudas por el camino y buscamos una señal que nos indique algo que nos guíe. Al final la carretera acaba en un stop y sólo hay dirección hacia la derecha o hacia la izquierda y las señales que me pueden ayudar por desgracia son invisibles.


La maleza se ha apoderado de ellas y detrás de las cañas se atisban no una, sino un montón de señales que antes marcaban un destino. Ahora por desgracia sólo me llevan a pararme y a rascarme los ojos para intentar ver mucho más allá de lo que se ve realmente.


Me quedé un rato observando aquellas señales invisibles y al final opté por ir a la derecha que parecía el sentido al que apuntaban todos los carteles. Por supuesto me equivoqué. Mi destino estaba a la izquierda. Así que ya lo saben, nunca hagan caso a las señales invisibles.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Los otros mercados y la paciencia



Pues sí, hay otros mercados que no especulan con nuestro futuro, que no se dedican a producir poco de unas cosas para subir el precio de las que quedan y que bien al contrario de dar disgustos nos alegran las mañanas o las tardes de los veranos, o durante el año, rebuscando entre ellos cosas que teníamos ya olvidadas o caprichos simples que no podemos evitar. Los llaman mercadillos, pero yo creo que el diminutivo les pega más a lo que llaman grandes mercados en los telediarios.


En los mercados buenos, los vendedores se tunean y disfrazan sus puestos negando el tiempo de los mismos. Se dejan llevar por los sueños medievales y por un día se sienten los señores feudales de la localidad. El día pasa y sobre sus toldos mitigan los calores que muchas veces se hacen insoportables poniendo a disposición de la plebe anillos, bolsos y todo lo que entre en unos pocos metros cuadrados. Cuánta paciencia tienen los vendedores.


Los collares y pulseras de vivos colores se cuelgan por todos los lados llamando la vista de los viandantes, que caen hipnotizados por los rayos de luz que refulgen con gran fuerza de la bisutería. Y a la gente le encanta pararse, mirar, tocar, volver a mirar, volver a tocar y preguntar si tienen el único color que no hay de todos los que hay, para pasar al puesto de al lado y repetir la misma acción. Cuánta paciencia tienen los vendedores.


A veces las tendencias de la calle se ven en los mercadillos. Lo que antes se llenaba de viseras y gorras, ahora se llena de sombreros, de los de antes, de los de los abuelos. Gorras, sombreros y viseras se colocan en hileras ante la mirada curiosa de la gente que no puede evitar probarse alguna y enseñarle al que tienen al lado como le queda para esbozar unas risas. Cuánta paciencia tienen los vendedores.


Si en el puesto se venden también pañuelos, no te venden ni uno, ni dos, los tienes todos en hilera, por gamas de colores, como si conocieran a la gente perfectamente y supieran que que si lo tienen rojo se lo pedirán verde, y si lo tienen azul, se lo pedirán amarillo. Cuánta paciencia tienen los vendedores.


Pero si hay algunos que tenían que ser clasificados como peligrosos, son los que tienen comida. Huelen desde metros a harina bien tostada o a embutido ahumado del que te entra hambre aunque estés recién comido. Hogazas y tartas de tamaños enormes compiten en glotonería y a determinadas horas la gente se planta enfrente y sacan a pasear sus lenguas por la boca mientras se relamen con gusto. Cuánta paciencia tienen los vendedores.


Por otro lado los dulces también tienen su hueco para atraer las miradas de los niños. Por suerte estos mercados tienen golosinas naturales y son muy apreciadas por los padres para dárselas a sus niños. Hay mercados que se hacen eternos, otros pequeños, pero todos tienen ese encanto especial a deseos rutinarios, a placeres mundanos. Viéndolos, uno no entiende por qué no son estos los que dirigen nuestro mundo. Cuánta paciencia tenemos los mortales.

miércoles, 30 de octubre de 2013

De arroces y otras brasas



El otro día revisando las fotos de estas vacaciones me topaba con estas fotos que me provocaron un estallido de realidad virtual más allá de lo conocido hasta ahora. Me llegaron sabores y olores que me trasladaron a los días de playa y sol que habíamos vivido este verano. Ambientes de brasa, cerveza y vino, hambre saciada y ganas de repetir. Ciertamente se merecían ser recordadas.


Los arroces de este verano fueron espectaculares, desde los hortelanos con mucha verdura y carne en la que el arroz compartía todos los sabores y estaba casi más rico que todo lo demás, y es mucho decir.


Hasta un arroz con bogavante del Cantábrico que hicimos cuando vino Josema y Cris a visitarnos que no estaba espectacular, estaba lo siguiente. Algunos disfrutaron chuperreteando a los pobres bogavantes que tuve que asesinar antes de que cayeran en la paellera, yo disfrute con un arroz que estaba sabrosísimo.


Y por supuesto no faltaron las barbacoas y los chuletones a la brasa, carne asturiana que se deshacía en la boca. Tostada por fuera y hecha por dentro (lo siento para los que les guste la carne poco hecha) pero muy tierna y nada jasca. Lo siento si os he dado hambre, pero que sepáis que a mi me ha entrado mucha nostalgia gastronómica y de la otra.

jueves, 10 de octubre de 2013

Acuarelas marinas



Poder ver a alguien dibujar en directo siempre produce una magia muy especial. Ver como de una hoja en blanco surgen líneas y pinceladas que dotan de vida a algo que antes no existía es una experiencia que me tendría horas mirando sin cansarme, totalmente magnetizado hasta ver el resultado final. Era el día grande de Llanes y aprovechando uno de los bancos nuevos junto al puerto este singular acuarelista, dibujaba aprovechando los rayos de sol y ajeno a las miradas indiscretas que teníamos los demás.


Dibujaba un skyline de las casas de Llanes al pie del mar del puerto y delante suyo simétricamente situado todo, sus acuarelas de pintar y sus acuarelas pintadas. En los otros dibujos dejaba entrever su buena mano con el lapicero y su gusto por el dibujo de cómic. Una maleta con pulseras y collares en el otro extremo ponía una nota graciosa en la escena.


Los niños pasaban y miraban. Se quedaban impresionados mirando ese papel de dibujo tan alargado y esa curiosa mesa hecha con un trozo de cartón, a veces no hace falta mucho más. Mientras una tarde maravillosa iluminaba las casas de la costa de llanes, unas acuarelas más marinas que nunca se apoderaban de su esencia a golpe de pincel.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Ese sabor a final de verano



Ahora que los tiempos lo cambian todo por ese látigo sadomasoquista llamado tecnología que nos mantiene conectados al trabajo y a nuestro mundo, durante ese sacro período que llamábamos vacaciones, me viene ese sabor lejano, teñido de olor a infancia y juventud que era el final del verano. Las vacaciones siempre empezaban renqueantes, les costaba arrancar, el punto en el que se habían quedado el año anterior se había borrado y las amistades veraniegas cambiaban aunque las personas seguían. Conforme se llegaba al final del verano todo parecía acelerarse, como si lo que no se hubiera hecho había que hacerlo con prontitud, con celeridad y surgían los días más maravillosos del verano, los últimos, los que no se debían acabar nunca.


Era en esos días donde surgían los besos a escondidas, los amores insospechados, los amigos eternos, las noches con sabor a alcohol y mucho sudor, los abrazos llenos de promesas, las aventuras que no parecían reales, los descubrimientos soñados, las cenas eternas que la luna ilumina, la oscuridad buscada de lo prohibido, los corazones que no paran de seguir a las olas, y tantas, tantas cosas que llegaban en los últimos días como punto final de unos días que no deberían acabar.


El último día sentenciaba la tragedia, mientras los padres apretaban las maletas encerrando los sueños del verano, a uno se le encogía el alma, buscaba en los primeros rayos de sol de la mañana que ese día no acabara, que se alargara lo más posible, casi hasta hacerse eterno. La infancia y la juventud permitían esa ignorancia. Pero aquellas maletas llegaban arrastradas hasta el coche, igual que mi cuerpo que se negaba a dejar ese sabor a final de verano.


El camino de vuelta era como el recorrido de un coche fúnebre, la alegría del día anterior teñida con aroma de despedida se había transformado en tristeza, en pena de no querer soltar lo que se alejaba con cada curva. Al llegar a casa, tocaba reencontrarse con lo cotidiano, con las cartas de amor que escondían perfume entre sus extremos rotos de un cuaderno, volver con los viejos amigos que en su cara, todavía muy morena, reflejaban un final de verano que tampoco hubieran querido olvidar.


Ahora que miro a la gente llegando de vuelta a la ciudad, mirando sus caras morenas y el brillo de sus ojos, me he acordado de ese adiós al verano que tenía ese sabor tan especial que después de tanto tiempo todavía me seguía poniendo los pelos de punta.

viernes, 21 de junio de 2013

La Berta y Campofrío



Estas semanas pasadas sorprendía una campaña de Campofrío en todas las televisiones, un homenaje para todos los mayores, que no son ni viejos, ni veteranos, ni tercera edad. Lo vi una primera vez y me quedé con un brillante copy y unos planos muy cuidados de imagen, pero no me fije bien en el anuncio. La siguiente vez que lo vi, cual fue mi sorpresa cuando identifiqué a una de las mayores que salen en el anuncio, y que no era otra que la Berta que me había vendido la casa en Asturias.


No me lo podía creer, y al principio pensé que me había equivocado y que sería un parecido razonable, pero no, lo busqué en internet y con la tranquilidad y la pausa que da el verlo plano a plano, no me quedaba duda, la Berta era una de las protagonistas del spot. Además, Berta, cumple perfectamente el perfil del anuncio, activa, movida, temeraria en ocasiones, reparte ahora los inviernos del sol de Benidorm con los veranos en Asturias mientras alquila a un montón de turistas algunas de sus casas.


No podía ser otra, la Berta jugando a la brisca daba lo mejor de sí misma, el teatro que hacía en Llanes los últimos años le había ayudado a interpretar muy bien su papel. Su energía se notaba en esta mujer enérgica que siempre está haciendo cosas, es un no parar esta portuguesa, asturiana de adopción. Así que no puedo por menos que felicitar a los del casting del anuncio, y por supuesto a Berta, que en pocos días la veré por Asturias.


El anuncio es de McCann Erickson, que bajo el lema "Hay algo mejor que llegar a los 90, poder disfrutarlo", muestra en un tono brillante y positivo los beneficios del producto. Por ponerle algo, huele demasiado a estos anuncios que ahora se quieren sumar a una moda social, lo que provoca que al final pierdan credibilidad si no se soportan sus argumentos con verdaderos hechos reales. El spot en rodaje y dirección de arte está espectacular.



lunes, 6 de mayo de 2013

Pezqueñines, ¡no, gracias!, pero con mercurio lo que quieras



Después de ver ayer el programa de Salvados ¿Qué comemos? se me encoge el cuerpo. Uno se cree que está informado y que aunque vivamos en un estado corrupto y con una casta política que sólo vive para sus intereses propios, temas como la salud y la alimentación son intocables, y hay organismos competentes que se encargan de velar por ellas y de informarnos de los peligros posibles para nuestra alimentación y salud. Pero por desgracia no es así, nos están envenenando a nosotros y a nuestros hijos sin informarnos y sin alertarnos de los problemas que tienen algunos alimentos.


Todos recordamos desde mediados de los años 80 una campaña que nos informaba que no teníamos que comer peces pezqueñines, que siendo muy beneficiosa para evitar acabar con los pescados en nuestros mares, no es perjudicial para nuestra salud. Pero alguien ha visto alguna vez una campaña que nos informe que no se puede comer nada, y digo nada, de atún rojo, pez espada o pescados grandes en mujeres embarazadas o que quieran quedarse embarazadas, ni en niños hasta 3 años, y que hasta los 12 años no deben superarse 50 gramos semanales de estos pescados. Ni la hemos visto esta campaña, ni posiblemente la veremos.


El mercurio es un metal pesado que se encuentra de forma natural en suelo, agua, plantas y animales. La actividad del hombre, al incinerar residuos, al usar combustibles o al hacer funcionar las industrias, multiplica exponencialmente la presencia de mercurio en el medio ambiente.


El mercurio llega al pescado a través de su alimentación, de forma que los peces más grandes, los más depredadores son los que acumulan mayor cantidad de mercurio en sus tejidos grasos y que son incapaces de eliminar de sus organismos. Cuando estos peces llegan a nuestros platos llevan una alta dosis de mercurio.


La toxicidad del mercurio es muy alta, según la Organización Mundial de la Salud, uno de sus compuestos orgánicos, el metilmercurio, es uno de los 6 compuestos químicos más peligrosos. Los efectos que pueden producir el consumo de estos pescados y el mercurio inducen a efectos tóxicos en el sistema nervioso, riñones, hígado y órganos reproductivos, y su mayor riesgo es el neurotóxico. En los niños y embarazos es de especial cuidado por sus problemas neuronales. Sólo de pensar que hasta hace pocos días el pescado emperador era el que más le gustaba a mi niña que todavía no ha cumplido dos años me pongo malo.


En el marisco la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) hace la siguiente recomendación al igual que con los peces grandes y el mercurio: limitar el consumo de la carne oscura localizada en la cabeza de gambas, cangrejos, centollos y similares. Con lo que le gusta a la gente chupar las cabezas de las gambas y muchos de ellos sin saber que están ingiriendo altas dosis de cadmio.


El cuerpo humano no es capaz de asimilar el cadmio y tiende a acumularse en el organismo sin poder ser desechado, especialmente en el hígado y el riñón. Se tardan entre 10 y 30 años en eliminar las dosis de cadmio. La acumulación de altos niveles de cadmio puede provocar disfunción renal, desmineralización de los huesos y, a largo plazo, cáncer.


Las espinacas tampoco se libran de la contaminación y no son recomendables para los menores de 1 año. Y sólo en caso de incluir esta verdura en la papilla, no debería superar el 20% de los ingredientes. El problema son los nitratos, uno de los componentes principales en los fertilizantes y abonos. Hacen que las plantas crezcan más rápido, en sí, no son tóxicos, el problema es que nuestro organismo los trasforma en nitritos y éstos si que son peligrosos, hacen que circule menos oxígeno en nuestro organismo y en combinación con otros aminoacidos puede provocar efectos cancerígenos.


Conociendo ahora el problema de las espinacas para la infancia y que no se informe a la población de estos riesgos, seguro que por no alarmar aunque esté en riesgo nuestra salud, me choca toda la publicidad de estas verduras que se hacía en mi infancia de esta verdura gracias al personaje de Popeye. La pregunta sería el por qué no se hacen campañas similares para desaconsejar el consumo de determinados productos, olvidando los intereses económicos y dándonos cuenta que lo verdaderamente importante son nuestras vidas.


Con las acelgas, un plato muy típico de Aragón, también sucede lo mismo que con las espinacas. En la conciencia que la verdura es buena para nuestra salud, no nos damos cuenta que nos estamos envenenando poco a poco. Fundamentalmente por la combinación de venenos que ingerimos en todos nuestros alimentos, individualmente son pocas cantidades, pero si sumásemos todas las partículas tóxicas que consumimos todos los días, tal vez nos daríamos un gran disgusto. Por contra si que nos marcan las calorías de los productos y los hidratos de carbono, pero no sus riesgos tóxicos, para eso tenemos que ser universitarios.


Os dejo con el programa de Salvados para que saquéis vuestras propias conclusiones, pero una es bien clara, sólo nos informan de lo que quieren, que las cosas suceden es lógico, pero que nosotros podamos tomar nuestras decisiones informados es un derecho por el que deberían velar nuestros gobiernos, aunque ya veo que no es así. Fenomenal labor la que realiza Jordi Évole todos los domingos, destapando de una forma sincera y directa aquello que muchos quieren acallar y que no se conozca.


jueves, 18 de abril de 2013

La sombra del mar



Ahora que te traigo a mis recuerdos, teñidos de un negro de ojos cerrados, recuerdo tus olas, recuerdo tu arena mojando mi sombra. Ahora que te siento, mientras tu brisa juega con mis canas y el mar rompe al llegar al final de su camino. Ahora que estás aquí, me siento un poco mejor.


Sólo puedo pensar cómo estarás ahora. En silencio. Sólo con tu ruido. Sóla con tus recuerdos. Mirando al que te mira. Dejándote mirar. Acariciando a un perro que te hace cosquillas con sus carreras. Esperando que llegue la noche y la luz se apague.


Déjame verte. Déjame recordarte. Déjame viajar entre tus piedras sin cortarme, tan sólo viendo la vida que por tu corteza trepa. Déjame. Déjame. Entre olas déjame.


Aquí, enfrente de mi ordenador te traigo a mis recuerdos y aunque no te lo creas, siento mi sombra húmeda mirando el mar.

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