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martes, 11 de junio de 2013

Hubo un indio Tonto



Y como podéis ver no miento, era Tonto y con mayúsculas, y es que así se llamaba originalmente el indio nativo potawatomi que acompañaba de forma astuta y fiel a su compañero de aventuras El llanero Solitario, The Lone Ranger. En los países hispanohablantes para evitar el terrible nombre que se le había puesto al indio, decidieron llamarle Toro, y nosotros así lo conocimos en la infancia, ni nos imaginábamos que en realidad su nombre era otro, de haberlo sabido, nadie en nuestros juegos infantiles hubiera querido ser el indio en la pareja de héroes.


Sentados enfrente a una televisión en blanco y negro comenzaban: "Un fogoso caballo con la velocidad de la luz, una nube de polvo y un caluroso "Hi-yo, Silver", El Llanero Solitario". Nos quedábamos pegados sobre el sofa de skay, mirando como un caballo blanco levantaba polvo sobre unos campos llenos de cactus y grises (lo veíamos en blanco y negro) y un fiel compañero, Toro para nosotros, Tonto para el resto del mundo le acompañaba para restaurar la paz y el orden.


El indio Tonto era el enigma de la serie, su compañero se llamaba el Llanero Solitario y de solitario tenía poco, ya que lo tenía a él de compañero, así que pocas veces nos podremos encontrar con nombres tan desacertados en los personajes de una historia de aventuras.


Tonto era un indio Potawatomi, lejos del encanto de otras tribus como los Siux, Cheyenes, Cherokees o Pies Negros entre otros. Pero a Tonto le tocó esta tribu que le tocó vivir como el hombre blanco entraba en su aldea y arrasaba con todo. Entonces se llamaba con un nombre bastante facilón: Pahoo-Ka-Ta Wah, que era como le llamaban sus compañeros de juegos indios.


El niño fue el único superviviente del ataque del hombre blanco y fue recogido por una caravana que iba hacia México. En ella estaba otro niño, John Reid, al que Pahoo-Ka-Ta Wah llamó Kemo Savai, para entenderse mejor en este trabalenguas de nombres, que quería decir en el idioma de su tribu, "Camisa blanca". Otra tribu Potawatomi atacó en venganza a la caravana y el niño indio de nombre imposible salvó a su amigo, el que lavaba más blanco del Oeste, y desde ese día hicieron un juramento de sangre por el que se convertían en hermanos.


Ambos dos eran niños, y la familia de John Reid, agradecida por su ayuda decidieron abandonarlo en una misión mexicana cerca de la frontera. ¡Adiós! Pahoo-Ka-Ta Wah, le decían mientras se marchaban en busca de fortuna. El niño indio se volvió callado e introvertido ante tal señal de afecto y a los monjes no se les ocurrió otra cosa que llamarlo Tonto, en otro alarde nuevo de sabiduría para poner el nombre exacto a las cosas. Tonto duró poco allí y se fugó a una tribu Potawatomi, pero no fue bien recibido, así que se volvió errante buscando al asesino de su familia que era un tal Cavendish.


Un día estuvo a punto de pillarle, pero cuando llegó era demasiado tarde, Cavendish había asesinado a a todos los Rangers, y uno de ellos era su hermano John Reid, que se encontraba moribundo. Le salvó entre embrujos y hechicerías. Y ya recuperado decidió cambiarle el nombre por el de Lone Ranger  o el Llanero Solitario, era lo lógico ahora que iban a ir juntos a todos los lados. El Llanero por su parte agradeció a su amigo que decidiera llamarse Tonto, ya que lo de Pahoo-Ka_Ta Wah era un poco pesado.


La venganza marcó desde ese momento la vida de Tonto, su amigo y el caballo Silver. No escatimaban en detalles y tiraban con balas de plata para que sus enemigos después de muertos pudieran conservar una joya de recuerdo. Tonto ejercía como tal, y se hacía pasar por lo que su nombre barruntaba (ahora entiendo muchas cosas que con el nombre de Toro no le pegaban en la versión hispana), parecía que justo sabía hablar y sin embargo dominaba el inglés, el español y todas lenguas indias de la comarca, y posiblemente tenía algún Máster en Oxford.


La relación entre Tonto y el Llanero Solitario no acabó bien, al fin y al cabo, uno era un camisa blanca y guapo, y el otro era un indio y Tonto. Una vez que pillaron a Cavendish, el Llanero quería matarlo en venganza, y Tonto llevarlo para que lo juzgaran los indios, ya os imaginaréis quien salió ganando. Pese al cabreo de Tonto, le pidió a su amigo seguir luchando contra las injusticias pero el Llanero, colgó sus espuelas y se dedicó a disfrutar un poco de la vida. Y Tonto se quedó haciendo lo que su nombre decía.


En el 2012 se ha rodado "The Lone Ranger" y creo que en España todavía no se ha estrenado. La dirección corre a cargo de Gore Verbinski, que también ha estado en la dirección de Piratas del Caribe, La Señal, The Mexican o Rango entre otras. Walt Disney como no podía ser de otra forma está detrás del proyecto


En el papel de Tonto está Johnny Depp que da una particular visión del personaje, en la que tiene poco de tonto y se convierte en un cruce entre su pirata favorito y Jerónimo. Una película que vendrá a España seguramente a finales del verano y que solo por ver a Tonto o a Depp merece la pena, y es que aunque yo no me lo podía creer, una vez, hubo un indio muy Tonto.


Os dejo con el trailer de la película:



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lunes, 10 de junio de 2013

Cristo perdido



Los escaparates de las tiendas de los chinos tienen en ocasiones curiosidades muy "frikis". Esta tienda con la que me topé no era para menos. En uno de sus escaparates una figura de Cristo competía escena con diferentes hadas y duendes, que no ángeles y demonios. Dejaba la situación un poco perdido a Jesucristo que parecía pedir clemencia ante tan estrambótica situación.


Era un cristo perdido, con cara de grunge y camiseta de tendencia, túnica fucsia y barba bien recortada. Así de mono, pero perdido en un mundo celestial de hadas y duendes de falsa porcelana y mucho plástico. Las tentaciones de Cristo a sus espaldas.


Jesucristo miraba el escaparate de enfrente, de una papelería que en uno de sus escaparates agrupaba a personajes de dibujos animados, todos felices y con aire de fiesta. Los veía con envidia, de un lado a otro de la calle, tal vez un día se podría reencarnar en la tienda de enfrente o alguna beata se lo llevaría de compañía para la mesilla de su cuarto, tal vez no estaba todo perdido.

martes, 14 de mayo de 2013

1984: Crónica de un cómic, crónica de una juventud II



La espera a que nos condenaba cada mes 1984, convertía la compra de cada cómic en un rito, aunque salían del alma, era todo un placer pagar las 125 pesetas de los primeros números, hasta las 300 del número de despedida, se devolvían en una gratificación muy reconfortante al poder viajar a un mundo que se convertía en desbordante en una juventud que lo quería absorber todo y que tenía más preguntas que respuestas.


Enrique Breccia siempre me pareció un artista, un pintor, del comic. También era argentino, una gran cuna de los dibujantes de aquellos días. Venía de familia de dibujantes y se notaba, la influencia de su padre Alberto Breccia, gran maestro de maestros, y de sus hermanas que también continuaron la tradición familiar, hacía sus trabajos siempre interesantes. El cazador del tiempo era una de las obras que más recuerdo, además de las que realizó en posterioridad, como Alvar Mayor o El Sueñero, todas tocados de un surrealismo natural en él.



Fernando Fernández Sánchez era otro ilustrador barcelonés que participó desde el principio en la revista 1984. Prolífico desde su juventud y gran retratista, sabía conjugar con particular equilibrio partes muy acabadas con otras menos trabajadas, casi ausentes de nada más que línea. Trabajaba las composiciones de sus páginas como cuadros y eso se notaba en su resultado. Los guiones no eran especialmente lo suyo y su Drácula, publicado en Creepy, eran cuadros tras cuadros transformados en viñetas.


Había conocido su peculiar estilo ya con anterioridad en un comic que se llamaba Viaje alucinante y que nos habían regalado por aquellos ingresos que hacías en la caja el día del libro. Era toda una aventura fantástica trasladada al cuerpo humano, la recuerdo con mucho cariño y aprendí mucho con aquel libro, de dibujo y de sus contenidos, todavía conservo una palabra que aprendí de aquel libro en mis conversaciones cotidianas, que es fagocitar. Cuando la leí en el comic me hizo mucha gracia.


Otro dibujante que me llamaba mucho la atención era Josep María Bea, creador de historias de terror y fantásticas con un estilo muy peculiar, tocado de su enfermiza afición a los tebeos de niño que le llevó hasta un hospital por chupar la tinta de aquel entonces de las portadas de los tebeos. Creador de un universo muy peculiar y de monstruos con carácter propio, los reflejaba en sus Historias de la Taberna Galáctica o En un lugar de la mente.


Miguelanxo Prado era un historietista de un estilo muy personal y de gran sensibilidad. Su origen gallego aportaba una frescura al panorama de los dibujantes con los que convivía en la revista 1984. Era mucho más joven que todos ellos y su estilo de dibujo fluía más de las nuevas tendencias que de los dibujantes antiguos y de ahí salieron otros insignes dibujantes como Das Pastoras. Fragmentos de la Enciclopedia Délfica nos trasladaba a mundos imaginarios con un humor, casi rozando la caricatura, muy especiales y personales.


1984 nos acompañó durante muchos años, se inició en 1978 y concluyó en 1984, todo un periplo en los quioscos, en los que no siempre comprábamos el cómic. En primer lugar por no empezar desde el principio, yo creo que comenzamos a seguirla con más profusión a partir del número 20 o similar, y en segundo lugar dependía mucho de los dibujantes que aparecían en la revista para decidir si lo comprábamos o no.


Horacio Altuna fue otro de los dibujantes que descubrimos en aquella revista. Al principio con su blanco y negro potente que llenaba las páginas habitualmente acostumbradas al blanco de otros ilustradores. Es también Argentino y había visto algo antes de Las puertitas del Sr. López, del que me destacaba su estilo diferente de maquetación de viñetas, las líneas justas para definir los personajes y los espectaculares cuerpos femeninos que dibujaba.


En 1984 destacó con la serie Ficcionario, todo unos relatos de un mundo apocalíptico, en los que él es guionista y dibujante, y lo hace a un alto nivel en los dos aspectos. Su forma de contar las historias todavía me asombra, sus planos parecen secuencias de una película y los bocadillos ocupan el lugar justo en la escena, evitando la parte superior, únicamente, para contar siempre la mejor historia.


A Horacio Altuna lo he seguido desde entonces hasta hoy, y por descontado con sus series eróticas que publicó para la revista Playboy, donde a su blanco y negro incorpora el color de la acuarela de una forma brillante, al igual que su compatriota Juan Giménez, y donde todas las viñetas tienen su importancia sin sobrar ninguna, ni faltar otras. Todo un maestro.


También recuerdo que en fechas especiales se hacían ediciones limitadas o diferentes, que coincidían con las fechas de navidad o verano, y en las que la revista incrementaba su precio, pero también aumentaban las historietas de su interior. Los almanaques y o las colecciones seriadas en un sólo número eran otros de sus productos, pero la paga semanal no daba para tanto.


José Ortiz era uno de los dibujantes valencianos que más me gustaba. Su forma peculiar de sombrear y trabajar las zonas oscuras con rayado, le daban un peculiar aspecto a sus historietas. Después de trabajar mucho para fuera y en proyectos para Ediciones Metropol que agrupaba a dibujantes como Leopoldo Sánchez, que era su sobrino, Jordi Bernet, Mariano Hispano o Manfred Sommer, dio el gran salto popular con historias posteriores como Hombre o Las mil caras en Jack el Destripador.


En mayo de 1984, el comic de la fantasía y la ciencia ficción para adultos ponía fin a una etapa, que justificaba su nombre, pero este final ya tenía un principio, se llamaría Zona84, a diferencia de la versión americana de la revista que se llamó 1994. La nueva revista nacía con aspecto renovado y acogiendo las nuevas tendencias del cómic que se quedaban demasiado modernas en la veterana 1984, pero eso ya es otra historia.

1984: Crónica de un cómic, crónica de una juventud I

lunes, 13 de mayo de 2013

1984: Crónica de un cómic, crónica de una juventud I



En los años 80 toda una juventud nos criamos sin internet. Ni sabíamos lo que podía ser. Pero nuestros cuerpos, que iban mutando con pelos que nos nacían por cualquier sitio de la cara, estaban ávidos de conocerlo y de descubrir todo. El quiosquo de la plaza San Francisco se convertía en nuestro particular portal de google y sobre sus estanterías buscábamos todo el conocimiento que a través de las portadas podíamos extraer de sus revistas, libros y comics.


Junto con mi hermano, o a solas, nos pasábamos largo rato mirando todo lo que tenían, ojeábamos hojeando revistas y comics para ver lo que había salido nuevo esa semana o mes. Juntábamos nuestros ahorros y compartíamos de una forma muy peculiar los comics que nos gustaban. Uno de ellos era 1984, una revista de ciencia ficción que agrupaba a nuestros dibujantes favoritos. Esperábamos con ansiedad el nuevo número y nos lo llevábamos a casa como quien lleva un tesoro del que lo necesita saber todo.


Individualmente lo leíamos, un día tenía derecho a su uso uno, y al otro día el otro, así todo el mes. La primera semana el intercambio del 1984 del mes era delicado y cuidado al segundo, la última semana de ese mes, acababa archivado con el resto de números anteriores. Cuando lo leíamos por primera vez había una sensación de hormigueo en el estómago al continuar las historias que se iban desarrollando de un número a otro, y de las que memorizábamos viñetas e historias, hasta casi sabérnoslos de memoria. 1984 era una versión española de la edición americana realizada por Josep Toutain y Luis Vigil que supieron tomar el tirón de los grandes dibujantes españoles de aquel momento.


Juan Giménez era uno de los grandes. Su forma de dibujar máquinas, aviones y vehículos en general, todos rodeados de múltiples cables y con una imaginación desbordada y repleta de detalles. Juan Giménez es argentino y su temática fantástica y de ciencia ficción ligaba perfectamente con el contenido de la revista 1984.


Entre las historias seriadas que se veían en sus páginas, recuerdo "Cuestión de tiempo" sobre el año 1985, y anteriormente "Estrella Negra" y "Basura", aunque no recuerdo si estas salieron en la revista 1984. Sus viñetas eran todo un prodigio en el manejo de la acuarela y las tonalidades desaturadas con tonos grises, verdes y marrones.


Me quedaba maravillado con su forma de dibujar, copiaba sobre el papel su forma de trabajar las caras y las manos, no llegándole ni a igualar en la copia. A través de estas historias descubrí posteriormente una serie que había realizado en 1976 junto con Ricardo Barreiro, "As de pique", un cómic bélico de los aviones en la segunda guerra mundial, que asombra por su frescura y detalle técnico realizándola con tan sólo 23 años.


Las portadas nos decían mucho, suponían un anticipo de lo que nos íbamos a encontrar en el interior, y Toutain lo sabía muy bien, muchas de las portadas tenían la mano de Richard Corben, portadas que ilustraba con su magnífico manejo del aerógrafo y de los fotolitos que retocaba personalmente. Era para nosotros un auténtico autor de culto y muchas series pudimos seguir desde las páginas de la revista 1984: Mundo Mutante y Den entre muchos episodios sueltos, en los que las historias en blanco y negro eran casi tan buenos como los de color.


Historias de la mafia en las que los personajes aunque se exageraban hasta la caricatura producían un terrible miedo y crudeza. Corben no se cortaba a la hora de mostrar la violencia y el erotismo, en aquellos años de juventud, ambas cosas, se esperaban con ansiedad desmesurada. Todavía recuerdo como una cara se rasgaba por una navaja con el efecto tridimensional y de volumen que sabía aportar a sus dibujos, y también los enormes pechos con los que dibujaba a todos sus personajes femeninos.


Aunque la ciencia ficción y la fantasía eran sus principales temáticas para sus viñetas, el terror también es uno de sus preferidos, y en una revista paralela de Toutain, Creepy, que también comprábamos editaban algunas de sus historias llenas de hombres lobo y monstruos terroríficos.


La parte sexual de sus personajes nos llevaba a otros mundos repletos de acné juvenil, en aquellos tiempos en que el sexo se vivía como algo casi oculto y todos los descubrimiento se hacían como a escondidas, encontrar este tipo de historias hacían que te fijaras más que nunca en las viñetas de los dibujos.


Richard Corben siempre fue y será uno de los grandes, después de consagrarse y evolucionar poco a poco en su arte, en el que siempre ha reivindicado la lucha de las clases sociales reprimidas, su crítica al ejército y una renuncia en la actualidad al erotismo en sus dibujos. Todo un placer volver a releer aquellos comics y las sensaciones que me aportaban.

1984: Crónica de un cómic, crónica de una juventud II

miércoles, 27 de marzo de 2013

Dibujo by Goñi 020



Hoy rescato una de esas hojas en la que van apareciendo por arte de magia dibujos, muchos de ellos nacen mientras esperas que el ordenador arranque, o que se abra alguna página, o que Photoshop acabe de terminar algún filtro en una imagen de alta resolución. Muchos de ellos tienen mucho que ver con la música que esté escuchando y apenas nacen en segundos. Salen sin ningún sentido, algo me viene a la cabeza y mi mano lo dibuja, sin mayor pretensión.


El folio al final va tomando forma sin ningún sentido y los personajes conviven sin tener mucho que ver unos con otros. Lo veo ahora y me hace gracia el recordar el por qué del nacimiento de alguno de ellos, y algunos os aseguro que no tienen desperdicio.


viernes, 22 de marzo de 2013

Dos piedras



Yo fui uno de esos a los que les tocó hacer la mili, esa cosa que a las nuevas generaciones de jóvenes les sueña totalmente a chino. La alargué todo que pude, gracias a la carrera universitaria y pese a alegar que por mis dioptrías de miopía me tenía que haber librado, y no fue así, otro día lo contaré más detalladamente en otro post, finalmente me tocó entrar en 1993 a hacer la mili en Pontoneros de Monzalbarba, sin ninguna gana y con ganas de que acabase cuanto antes ese período que lo vivía como una auténtica pérdida de tiempo.


Dentro del acuartelamiento San Genís y después del proceso de instrucción, me tocó en el departamento de la USAC, que es donde se agrupaban todos los servicios del acuartelamiento. Era la compañía más grande y a mi junto a otro compañero que al igual que yo hacíamos la mili de mayores, nos destinaron al SERRES, el Servicio de Entretenimiento al Recluta, muy necesario en el acuartelamiento ya que había bastante gente de Barcelona y otros destinos, y por lo tanto no tenían pase pernocta y las tardes había que intentar hacérselas lo más entretenidas posibles.


En el SERRES se ponía música, se proyectaban películas, se jugaba a las cartas y la gente intentaba pasar un rato lo más agradable posible. Dependíamos de un capitán que era muy buena gente y del sargento Tello, toda una institución en el cuartel, que se las sabía todas. A los del SERRES nos tocaba editar una revista que se llamaba "Dos Piedras"y que me asignaron nada más entrar por la puerta. Así que los ratos muertos en el cuartel me los pasaba dibujando y haciendo la cabecera de la revista.


La revista incluía reportajes, noticias de dentro del cuartel, despedidas de reemplazos que se marchaban y un montón de cosas. Luego se fotocopiaba y se repartía por las diferentes secciones del cuartel. Por suerte algunas todavía las conservo, y son las que os enseño hoy, y que cuando las he vuelto a revisar me han traído muchos recuerdos con colores mimetizados.


Una de las secciones que ocupaba la parte central de la revista era la Pontocuenta en la que se contaban los últimos 100 días del reemplazo que le tocaba acabar su mili, cuatro al año, le di una revisión y con los dibujitos la gente iba tachando poco a poco los días que les quedaban.


Para San Fernando, la festividad del acuartelamiento sacamos un número especial repleto de fotos y de artículos, para el que realicé una portada con San Fernando como protagonista, en esta ocasión las portadas se imprimían sobre una hoja amarilla. La verdad es que cuando nos tocaba sacar fotocopias le sacábamos fuego a la máquina y se nos atascaba más de una vez.


Me imagino que esa revista pasaría a mejor vida una vez que la mili se profesionalizó y ya dejaron de entrar en aquel acuartelamiento los reemplazos de jóvenes que llegamos a pasar por ahí, pero lo que sí es seguro es que si alguno ha estado en el acuartelamiento de Pontoneros de Monzalbarba en Zaragoza no se habrá olvidado de aquella revista que se llamaba "Dos Piedras".

viernes, 15 de marzo de 2013

De Chicha, Tato y Clodoveo al Luisma



No sé bien la causa, pero cada vez que veía al Luisma en la serie Aida me recordaba tremendamente al personaje de una historieta creada en 1986 por Francisco Ibáñez, que reflejaba las aventuras de Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión sin empleo. Historias estrambóticas de tres personajes que en el más absoluto de los desempleos deambulan por las calles sucediéndoles sin fin de aventuras, en definitiva, un nuevo Mortadelo y Filemón, pero evitando el concepto de dúo y con unos guiños en el dibujo de más detalles ocultos y sorpresas.


Ibáñez, al irse a la ruina la editorial Bruguera, decide irse junto con otros compañeros a la Editorial Grijalbo, que tenía previsto sacar una revista llamada "Guai!" en los primeros meses de 1986. Francisco Ibáñez por temas de derechos con Bruguera no podía dibujar a sus personajes de toda la vida, así que se puso manos a la obra y creó a tres nuevos personajes sustitutivos: Chicha, Tato y Clodoveo.


En la revista "Guai!" vieron la luz por primera vez los personajes, en historias breves de 4 a 8 páginas por número, que luego se reagrupaban en un volumen completo de 44 páginas y se editaban bajo la revista Tope Guai!. En estas nuevas secuelas, Ibáñez utiliza los mismos códigos y gags que utilizaba con Mortadelo y Filemón.


Las primeras historias de Chicha, Tato y Clodoveo son guionadas, dibujadas y entintadas por Ibáñez, pero las que se realizaron posteriores a 1989, y que no se recogieron en los álbumes, se realizaron por otros dibujantes o negros, que con los guiones que si realizaba Ibáñez hacían el dibujo, entintaban y coloreaban, aunque Ibáñez no ha reconocido más allá del entintado de algunos episodios.


Los personajes reflejan claramente la situación del paro español, la marginalidad de algunos barrios y el presidente Felipe González se convertía en personaje en algunas historias con su célebre promesa antiparo de crear ochocientos mil puestos de trabajo, aunque como dicen en el cómic, tal vez quiso decir ochocientos o mil puestos de trabajo.


Se realizaron 18 aventuras de Chicha, Tato y Clodoveo, pero sólo 11 se publicaron completas en forma de album en España, aunque en Alemania, donde alcanzó cierta notoriedad, se publicaron todas las historietas.


Si analizo los personajes y las situaciones es donde encuentro muchas similitudes con la serie Aida. Clodoveo o Luisma, son capaces de disfrazarse de cualquier cosa y su bobería innata les hace participar en cualquier tipo de desmanes. Tato es el compañero fiel, torpón y que se entera tarde de muchas cosas, que bien podría ser Chema. Chicha es una pasota alocada capaz de llevar las ropas más raras, al igual que lo hacen Aida o la Macu como su alter ego. Además y para más coincidencia, todos se suelen juntar en un bar, el Snack Joro Bar, donde siempre intentan irse sin pagar para cabreo de su dueño.


Y es que hay mucho de esa situación de los años 80 que reflejan tanto la historia de Ibáñez de Chicha, Tato y Clodoveo, como en la Serie Aida, humor a raudales, guiños satíricos y gran crítica social para conseguir entretener. De hecho hasta los títulos de los episodios de unos y otros podrían intercambiarse y valer igualmente, así en Chicha, Tato y Clodoveo encontramos: Una vida perruna, ¡Mogollón en la granja!, El cacharro fantástico,…; o en Aida: Inteligencia artificiosa, Los trilocos, Una habitación con maristas,…


De Chicha, Tato y Clodoveo, guardo un buen recuerdo de juventud, Ibáñez me enseñó como se puede evolucionar unos personajes inofensivos como Mortadelo y Filemón, a unos personajes con mayor carga social y que en las viñetas pueden suceder otras historias dentro de la misma. Con Aida hace muchos años encontré lo mismo, por eso siempre será para mi una de mis series clásicas, y principalmente por Luisma que es capaz de poner humor en la tragedia más grande y al igual que los personajes de Ibáñez, a pesar de que la cola del paro es muy larga, seguro que van ellos y se cuelan. Por la venia me despido con una frase típica del Luisma:

—¿Y por qué no lo iba a entender? ¿Qué pasa, que el Luisma es tonto, no? El Luisma se ha metido de todo y se ha quedado tonto, a los tontos se les explican las cosas y como no se enteran de nada… Me puedes repetir la pregunta, por favor.—

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