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jueves, 26 de diciembre de 2013

El indomable abuelo Esteban



El abuelo Esteban nacía tal día como hoy, 26 de diciembre, de 1919. Nacía después de Nochebuena y Navidad en Anguiano, un pueblo de noche oscura y con el frío tiritando por las paredes. Llegó entre olor a brasas, perolas de agua caliente, paños blancos y mujeres que iban de un lado a otro. Era el día de San Esteban y su nombre estaba claro. Nacía al calor de otros hermanos pero con el miedo que aquellos partos incorporaban. Aquella noche Esteban durmió arropado entre sábanas, sin casi poder moverse al costado de su madre, agotada, pero feliz al ver a su niño.


Era un viernes que albergaba el comienzo de los años 20, en la prensa la resaca de la Navidad todavía se dejaba notar entre sus noticias. La reina Victoria Eugenia de Battenberg, esposa de Alfonso XIII, visitaba a los niños de los hospitales, mientras su marido seguro que encorría a alguna de sus criadas por los salones de palacio. Entre las noticias de aquel día ya se hablaba de la obstinación catalanista y de las numerosas huelgas que azotaban a España pidiendo unos derechos que se les querían negar, como la de los tranviarios de Zaragoza, y en Madrid, los gasistas y electricistas amenazaban con parar en estos días de Navidad.


Numerosas tiendas sacaban sus mejores productos a la venta y entre otras cosas ofrecían Veuve Chicot "legítimo" (aunque escribían Chicot y no Clicquot) a 21 pesetas la botella, frente a las 1,40 pesetas de la Sidra el Gaitero. Otros ofrecían cosas tan curiosas como el jabón de hiel de vaca al que apuntaban una serie de poderes que casi parecían mágicos. Raquel Meller arrasaba en los teatros de Madrid y en la cárcel de Barcelona se había producido un motín de lo más tonto tras un plante de unos presos que poco a poco fue a más.


Los juguetes también inundaban la prensa de aquel 26 de diciembre de 1919, y las reinas sin duda eran las muñecas, en este anuncio invitaban a los infantiles lectores a que adivinaran cuál era el nombre de las muñecas asociándolas con cualquiera de los cinco números, los nombres eran a cual mejor: Juanita, Conchita, Carmencita, Luisita y Maruja para cerrar el círculo.


Al abuelo Esteban no le tocó una infancia fácil, como a tantos de aquella generación. Dedicado junto a su padre a intentar sacar del campo todo lo que daba, poco le preocupaban los movimientos políticos convulsos que se vivían en España. Desde Argentina la familia que había emigrado parecía ir bien y eso aliviaba. Con 16 años le pilla la guerra civil española a la que se tuvo que incorporar en los años finales como soldado de comunicaciones, encargándose de cablear la primera línea con el cuartel de mando para que pudieran estar comunicados por teléfono. Formó parte de la batalla del Ebro y por suerte, acabada la guerra volvió a su pueblo para continuar trabajando como siempre supo hacer.


Allí junto con su mujer Rufina creó una familia a la que luego llegaron dos varones y la más pequeña una niña. El abuelo Esteban apenas se quitaba la boina, si lo hubiera hecho se hubiera sentido más desnudo que quitándose la ropa. Cuando lo conocí, reconocí en él, ese aspecto de riojano curtido, trabajador fino, de poco comer y poco parar. Parecía siempre serio, pero si le tirabas un poco de la lengua siempre conseguías sacar de él una buena sonrisa. Hoy habría cumplido 94 años, pero la vida se lo llevó demasiado pronto. En lo poco que lo conocí se quedó en mi recuerdo y en muchos momentos lo recuerdo volviendo con su mula a su casa de Eras después de un día de trabajo, para sentarse luego en una silla junto al balcón y dejarse iluminar por la penumbra del comienzo de la noche.

Felicidades Esteban.


lunes, 18 de noviembre de 2013

Pedro Hip y Coll



Hoy Pedro Hip cumple 70 años. Lo de Hip le viene de Hipólito, lo de Coll creo que es evidente. Lo conocí hace casi 25 años y aunque el aspecto físico nos afecta a todos por el paso del tiempo en su interior poco ha cambiado. Abuelo de cuatro nietos, alcalde frustrado, electricista con flotador y bello durmiente son algunas de sus habilidades que nunca ha dejado de fomentar y cuidar.


Pedro Hip es un hombre de humor variable, aparentemente te está contando algo con una seriedad pasmosa y hasta con genio, pero si le aguantas un poco ya se está riendo con la inocencia de un niño. Casi siempre le conocí canoso, sino contamos el episodio que le hizo vivir su mujer al insistirle que se echara aquel fantástico producto que se llamaba Grecian 2000 y que le obligó a llevar el pelo amarillo durante una temporada.


Pedro Hip es un hombre de gafas adosadas y costumbres fijas. Sólo unos pocos sabemos que pasa si se ducha temprano por la mañana. Recuerdo que las primeras veces que me quedé a dormir en su casa había que ser rápido por la mañana para entrar en el baño, como por unos segundos se adelantara Pedro Hip ya te podías vestir rápido y bajar al primer bar que encontrases. Pedro es de los que no entra en el baño, se queda a vivir una temporada dentro de él.


Pedro Hip es un grande para intentar escaquearse lo más posible de las tareas domésticas y de todo aquello que implique más trabajo del necesario. La comodidad para él es una virtud más que una necesidad. Todavía recuerdo cuando dejaba a Zamorita un compañero de trabajo esperándolo en la plaza de su casa, dentro del coche, mientras Pedro Hip comía en casa y se aprovechaba de una siesta rápida encima de la mesa.


Los chistes y dormir son dos de sus grandes habilidades. Lo de los chistes no tiene desperdicio, a algunos nos ha tocado convivir con el chiste de Anselmin durante muchos años, y os aseguro que lo mejor no es el chiste, pero ver cómo se ríe mientras lo cuenta no tiene desperdicio. Lo de dormir es algo fuera de serie, sentado, tumbado o de pie, es capaz de conciliar el sueño sin ningún problema.


Con Pedro Hip te puedes reír un rato largo. Amante de los placeres mundanos, de un vinito y de una buena comida picante, es el compañero ideal para las fiestas familiares. El único secreto, aguantarlo despierto en el antes y en el después. Hoy suegro cumples 70 años, disfrútalos y no te olvides nunca del chiste de Anselmín, por favor.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El abuelo Valentín



Me dicen que te conocí, pero no lo puedo recordar. Apenas tenía unos meses de vida. Intuyo que tus grandes manos curtidas por el duro trabajo me tomaban como si fuera un juguete. Mi padre me cuenta que viniste a verme a Zaragoza, en las navidades de aquel año 1968. Pero no lo puedo recordar. Me imagino que me dirías cosas, pero tu voz no me ha llegado. Intuyo que sería grave y ronca, fruto de fumar cuarterón, Ideales o lo que se podía. Pero no la puedo recordar.


Ahora que veo a tu hijo convertido en abuelo y lo veo tan diferente al que fue mi padre. Ni malo, ni bueno, pero distinto. Juega y sonríe como un niño más, seguro que te haría gracia verlo, abuelo. No sé si tú serías así conmigo, me extraña, los tuyos eran otros tiempos. El 3 de noviembre hubieras hecho 117 años, que se dice pronto. Venías de hace dos siglos que parece mucho y tan sólo eras mi abuelo. Pero nunca te pude felicitar, ni tirar de tus orejas, ni acariciar tu pelo.


Te busco entre sombras con tu boina hacia atrás y no te encuentro. Me hubiera gustado tocarte, sentir tu piel dura y tu barba recia. Mis padres no recuerdan si te volví a ver con 1 ó 2 años, yo menos. Tal vez compartí contigo aquel olor característico de Anguiano en mi infancia, ese olor a ceniza de chimenea y animales en las calles y las casas. Seguro que me habría colado entre tus piernas, para después querer quitarte el bastón que te sostiene. Quien sabe si ese día existió, si tal vez dormí en tu regazo.


Me duraste poco, muy poco, demasiado poco. Apenas tenía dos años y medio cuando el día de nochebuena dijiste adiós con 74 años. cinco menos de los que tiene tu hijo, mi padre, ahora. No recuerdo nada de ese día, pero de eso me alegro. Te dejaron en el cementerio de Anguiano, acompañando a tu mujer que te había dejado 13 años antes. Me gustaría saber si te di un beso, pero no lo recuerdo, te marchaste sin decírmelo.


Ahora, pasado mucho tiempo, miro las fotos y por más que lo intento, no te puedo recordar. A veces me encuentro buscándote entre sueños para ver si apareces y cuando creo verte, me doy cuenta de que es un sueño, y a veces, para consolarme, hasta lo pongo en duda. Abuelo Valentín, me hubiera gustado poder recordarte, pero mucho más me hubiera gustado, poder tenerte.

martes, 5 de noviembre de 2013

Uxue de mi vida



Me encantan tus ojos negros. Me encandila esas chispas que nacen dentro de ellos. Me pirro por tu sonrisa y tus dientes tan graciosos. Me gusta como empiezas cada frase. Me abrumo con tu inocencia y tus risas dubitativas con mis bromas. Me fascina cuando me das un abrazo de los que me traspasan. Me encanta hacerte reír y sentir tu profunda risa aunque sea por teléfono.


Eres mi sobrina preferida, la niña dulce que me da mucho más de lo que yo le doy. El 2 de noviembre cumpliste 7 años, y no sabes lo cortos que se me han hecho. Me hubiera gustado estar contigo y tirarte de las orejas, sin hacerlo de forma virtual, pero ya lo haré. Felicidades mi niña, tu eres la Uxue de mi vida.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Por fin motero



Desde el día de mi cumpleaños en junio pasado he cumplido, a medias, uno de mis sueños, tener moto. La verdad que me pilla ya un poco grandecito en todas las dimensiones, pero la casualidad y la comodidad para aparcar donde quiera en una gran ciudad me llevaron a tomar la decisión. Conseguirlo era difícil, no tengo carné de moto y no había conducido en mi vida ninguna moto, ni una simple Vespino.


A eso se sumaba que no me gustan las moto tipo scotter o similares, mi estilo va más hacia las motos tipo custom pero sin exagerar. Así que me tocó ponerme a buscar motos de 125cc que cubriesen esa expectativa. Di con algunas pero para alguien que no ha llevado nunca una moto y que no sabía si me iba a convencer los precios eran elevados y una de segunda mano no me atrevía por mi propia experiencia en el sector.


Hasta que di con esta moto, la Keeway Superlight 125 limited edition, cuando la vi me encantó ya que cuadraba perfectamente con mi estilo de moto, ruedas anchas, robusta, negra, con un estilo retro hacia las motos alemanas de la segunda guerra mundial,… vamos, que me encajaba perfectamente, y todavía mucho más el precio, es lo que tiene se una moto china, por fuera perfectas y por dentro os contaré (de momento sin problemas, salvo por lo mal que funciona el botón de los intermitentes).


Con la bici los días de invierno es complicado y ir por la calle más que un peligro. Saqué unos números de lo que me costaba aparcar en zona azul con el coche o alquilar un parking y no había duda, en dos días ya tenía mi moto. Me costó una mañana aprender a conducirla reguleramente, pero poco a poco ya le he ido pillando el tranquillo. De momento la experiencia es mucho más que satisfactoria.


Ahora casi todos los días dependo de ella, me lleva y me trae sin grandes velocidades, pero yo sólo la quiero para ciudad, corre lo justito, todo un alivio, y quitando que hay que acostumbrarse a los cambios de marchas y a veces se encasquillan todo va perfecto. Ya he cumplido un sueño, ahora el siguiente es sacarme el carné de moto y poder optar algún día a la moto que todos os podéis imaginar, pero todavía me quedan muchos kilómetros con mi moto chinaca.

jueves, 17 de octubre de 2013

Felicidades hada madrina



Aunque un poco tarde, no quiero dejar de felicitar a mi tía Loli, en un año tan especial como este en el que por fin se jubila y en unos tiempos en los que esa palabra suena con un retintín de miedo muy particular. En septiembre llegaba a esa cifra que algunos jóvenes de hoy en día sueñan y otros temen, y para a los que les llega simplemente supone un punto final a una etapa en la que nada más cambia, pero se rompen todas las rutinas que antes parecían odiosas y después se convierten en maravillosas.


Mi tía Loli siempre fue de un carácter muy peculiar, para mi encantador, ella siempre ha tenido cierta debilidad por mi humor y no en vano fue mi hada madrina el día de mi bautizo. Nació en Leache y siempre fue la pequeña de casa Matías, un padre al que pudo disfrutar poco y al que seguro hecho mucho de menos. Se crió a la sombra y a la luz de sus hermanos. Maribel, mi madre, era la mayor, y era los pies en el suelo. Jesús, el de en medio, los sueños y las puertas abiertas a un mundo distinto. Cuando se instalaron en Zaragoza su vida cambió, dejó atrás un pueblo por el que nunca ha sentido ni la más mínima atracción, habría que saber que recuerdos infantiles dejó allí enterrados.


Se casó, tuvo tres hijos y nunca paró. Su energía y dinamismo siempre le han acompañado. Las ideas claras y voz de mando nunca le han faltado, al igual que un odio terrible a que le toquen el pelo. Muchos años han pasado ya desde que nos conocemos, pero siempre la he sentido igual, con su media sonrisa, con sus ganas de reírse, pero no de parecerlo, con ese brío acompañado de una queja, y con esas ganas de saber cosas, mientras no para de hacer otras.


Pasa el tiempo, las fotografías lo recuerdan, pero dentro de uno mismo siempre se tiene la sensación de que las cosas tampoco cambian tanto, y que en mi tía que hace poco ha cumplido años y jubilación, queda mucho todavía de aquella niña que aguantaba la sonrisa con su pelo bien peinado con una trenza por detrás. Pasará el tiempo, pero no para tí hada madrina.

lunes, 24 de junio de 2013

41 Años juntos



Tal día como hoy hace 41 años que se casaron mi tía Loli, mi madrina, y mi tío Gaude, mi cómplice de bromas. Con cuatro años recién cumplidos acudía a la boda de mis tíos, sin saber muy bien que significaba eso. Lo que recuerdo es mucha gente, y todos comiendo juntos, la mesa repleta de gaseosa, agua y vinos para los mayores, copas de formas raras y una comida muy especial.



La boda fue en el restaurante Sella, cuando estaba en la calle Príncipe Baltasar Carlos, junto a Compromiso de Caspe, no recuerdo nada del sitio, pero también es difícil para un niño que levanta tan poco del suelo y al que los mayores tapaban toda la vista. No obstante, mi madre, no nos quitaba ojo de encima, a mi hermano y a mi, era uno de nuestros primeros eventos y le preocupaba más la que podríamos liar, que poder disfrutar de la boda de su hermana.



Mis tíos estaban guapísimos, con ese encanto que aportan las fotos antiguas. Mi hermano y yo nos hicimos una foto en la mesa presidencial, vestidos plenamente de blanco, con unos polos y unos pantalones cortos estilo tenistas de Winbledon. Mi hermano no escatimó la mejor de las sonrisas y mi pelo rebelde se dejaba entrever a diferencia del corte tazón de mi hermano. Mis padres, detrás posaban para la foto, y a la derecha también se dejaba ver mi tío Jesus y sus bigotes en la función de padrino.


Tenía cuatro años, pero comía solo o lo intentaba. Nos colocaron en una esquina, sino recuerdo mal tuvieron que añadir una mesa ya que no habían puesto bien los cubiertos y a mi me pusieron cerrando el grupo. Allí disfrutamos del típico plato de entremeses con jamón York, algo raro entonces, lomo al ron, jalatina de ave, pavo trufado y lo mejor, la ensaladilla rusa, con mayonesa natural, y las aceitunas rellenas. Después pasamos a los calamares y croquetas y ya no recuerdo si comí más o me reservé para la tarta.


Me hace mucha gracia ver la foto de entonces, en las que las comidas de las bodas eran de comidas sencillas y en las que se valoraba más la cantidad que la calidad. Gaseosa Konga y mi hermano asomando del codo de mi padre y bebiendo de una copa de champán, espero que fuera gaseosa. Cuarenta y un años han pasado desde entonces y mis tíos siguen más juntos que nunca. Felicidades.

viernes, 14 de junio de 2013

Mitad y mitad



Hoy, en la casi mitad del mes. Hoy, en la casi mitad del año. Hoy, en la casi mitad de mi vida, es mi cumpleaños. A mi espalda, 45 años. En frente, espero que lo mismo, por lo menos. Podría ser el momento de hacer balance, pero es la mitad de acuerdo. Una mitad me dice que desde el niño que fui al que soy hay poco que contar y mucho que disfrutar. La otra mitad me dice la vida se hace poco a poco y que no he hecho más que empezar.

En la mitad de la mitad, me encuentro tan soñador como apasionado, tan triste como payaso, tan padre como hijo, tan feliz como una infinita sonrisa. Tan sólo una media persona que tiene media vida por delante para conseguir el amor que he conseguido en la otra mitad.

Amigos, amigas, compañeros de camino, padres, hermano, familia y más familia, y a mis tres amores, os regalo la mitad de un abrazo, la otra mitad será un abrazo de los de verdad, de los de piel con piel, de los que no se cuentan, se sienten.

Gracias por estar ahí, por verme y escucharme, a pesar de estar aún a medias de hacer, a mitad y mitad, pero intentando hacer un todo, que cada día, me ayude a ser un poquito mejor persona.

lunes, 3 de junio de 2013

Mami, mamá, madre, la abuela



Ayer mi mami, mi mamá, mi madre, la abuela cumplía 72 años. Con tanta vida detrás y las muchas ganas que tiene de mirar hacia adelante. Mirándola mientras nos preparaba la comida familiar de domingo en la mesa de siempre, repleta de platos y comida, y cada vez con más gente que le llenan la sonrisa, veía a la madre que no me ha fallado desde el día en que nací y hasta unos meses antes de conocerme. Ella repartió su corazón entre todos y todavía le quedan trozos para el nieto y las nietas que llegan a iluminar su vida. Pero esa abuela, antes, mucho antes fue mi mami, mi mamá y mi madre.


Mi mami apenas se había acostumbrado a los llantos de un niño pequeño como era muy hermano, cuando a los 18 meses llegué yo, agobiándolo todo, haciéndola dormir mucho menos y robándole días y noches para cuidarnos. Ella era la mami que nos abrazaba y dormía entre sus brazos cantándonos melodías que acunaban nuestros oídos. Le quitamos años de su juventud, pero ella nos los regaló sin pedirnos nada, tan sólo disfrutando cuando nos miraba dormidos en la cuna.


Mi mamá llegó un poco más tarde, le tocó ser nuestra domadora. Dos niños traviesos y pillos que saltaban dando volteretas por el sofá, el mismo sofá que era víctima de unos pinchos que contenía uno de esos recuerdos que se traen de la playa y que acababan clavados sobre los reposabrazos. La poníamos a prueba en todo momento y muchas veces le hacíamos perder los nervios, pero mamá siempre estuvo ahí, ayudándonos, obligándonos a aprender el padrenuestro y el credo a cachetazos para no cambiar el orden de las palabras. Cuidaba de la casa mientras nosotros jugábamos a baloncesto en los pasillos o utilizábamos la estufa como medio de transporte.


Mi madre apareció años después, tras vernos crecer y hacernos personas, aguantar nuestros disgustos y disfrutar de las alegrías. Nos dejó ser, pero siempre veló por nosotros, y al final de todo no faltaba una palabra de cariño en una madre que nunca ha sido muy besucona. La muerte de su madre y los dolores de su rodilla cambiaron un poco su gesto, su humor, su dolor al tener que decirnos adiós cuando marchamos de casa para emprender nuestras propias vidas. La dejamos en casa, con mi padre, recordando nuestras correrías y travesuras, viviendo como madre nuestros problemas y disfrutando de las cosas que nos iban bien. Era la madre que siempre llama para saber que has llegado bien.


Y el tiempo la hizo abuela, multiplicó su sonrisa y rejuveneció. Sus dolores desaparecieron, o al menos no los quería recordar. Se dejó llevar por sus sentimientos, se volvió niña para entender a sus nietos. Sus ojos se hicieron más grandes y sus arrugas no delataban su ánimo. Ahora, mi mami, mi mamá, mi madre es la abuela. Miro a mis niñas y jamás les podré contar todo lo que quiero a la que me dio la vida y me ayudó a ser quien soy. Felicidades madre. Te quiero.

viernes, 3 de mayo de 2013

Un sueño llamado Naia



Después de casi una semana retomo mis diálogos con el mundo, mis conversaciones mudas llenas de respuestas que durante unos días he tenido que aparcar. Y el motivo se llamaba Naia, mi niña, mi sueño. Llegó después de nueve meses en silencio, después de cruzar los dedos para que todo fuera bien, luchando contra algún susto y con una madre agotada en los últimos meses.


El sábado 27 de abril a las 11:45, en una cesárea programada, madre e hija decidían vivir vidas exentas, pero muy juntas la una de la otra. Batas azules y segundos eternos después, Naia lloraba por vivir, con su cuerpito morado y sus ojos queriéndolo ver todo desde el primer segundo. Su peso, 2'985 kgs., su cuerpo un universo de emociones que empiezaron el otro día y durarán toda una vida. Una vida rodeado de mis tres chicas. Bienvenida Naia, gracias por cumplir mis sueños.

lunes, 22 de abril de 2013

El sol que me convierte en sombra



Cada día que comienza, cada noche que me acuna, estás tú, mi sol, y yo feliz de ser tu sombra. Las mañanas se juntan con el final de las noches, con tu espalda a mi lado, con tu calor entre mis brazos, desvelados por lo que más queremos y adormecidos por un beso de amor. Cuando tus ojos se abren, con esa lentitud con la que la naturaleza hace todo lo bueno, un sol me ilumina. Cuando tu sonrisa me avisa de que estás despertando, la mía te imita y mi corazón también. A tu lado, todo parece pequeño, hasta yo, y mira que es difícil. Eres el sol que me convierte en sombra. Soy la sombra que tuvo la suerte de disfrutar de un sol. Soy la sombra que sólo existe con la luz de su sol. Felicidades mi vida. Felicidades mi sol.

martes, 19 de marzo de 2013

La Pepa



Hoy casualmente es el cumpleaños de la Pepa, fecha que suele coincidir eventualmente con la fiesta de una ciudad del levante español que se dedica a prenderle fuego a todo que ve en la calle que tiene cara de político y mide más de cinco metros, entre olor a pólvora y fiesta. Mariajo, la Pepa, festividad de su cumpleaños y santo que se celebra hoy con devoción en todos los países de habla, no entraré en definir cuales para no menospreciar su autoestima. Por desgracia desde hace mucho tiempo no nos vemos casi, mis niñas, la distancia y cien mil excusas que se puede buscar uno favorecen a ello, pero hoy no me podía quedar sin felicitarte y regalarte unos recuerdos.


Conocí a Mariajo en la Universidad de Zaragoza, coincidimos en aquella aula de primero de carrera, un montón de jovenzanos cargados de ganas, unos de estudiar y otros, la mayoría, de pasárselo bien y estudiar. Allí empezamos a juntarnos un grupo muy majo, a frecuentar la cafetería del Interfacultades y a alternar cafés, muchas risas y curiosas amistades.


Aquel año nos tocó la lucha contra los planes universitarios de Maravall, estuvimos en huelga durante bastantes meses, lo que acentuó noches en vela, mítines, intentar parar un tren para salir a porrazos por las calles aledañas a la estación, dibujar pancartas y darnos cuenta de cómo se pueden manipular unas ideas buenas cuando otros tienen malas intenciones. Pero luego acabó la huelga y vinieron los exámenes, tocó estudiar todo de golpe y los sudores de los codos dejaron atrás los días de risas.


Mariajo estaba entonces en el Colegio Santa Isabel, así que era un rito acudir a tomar café y llamarla en recepción para charlar un rato. Allí compartíamos tertulia con otras amigas de la residencia, con su hermana y con alguna loca más de las que deambulaban por aquel recinto de confidencias. Disfrutamos de aperturas paralelas, cargadas de risas a montones, de guitarras que aparecían al final de la noche en el chiringuito que teníamos de nuestra clase, concursos de natación en el estanque que apenas superaba los cincuenta centímetros de profundidad y un montón de anécdotas más.


Eran tiempos de quemadillos en el Juan Sebastian Bar, el Juanse, de confiarnos sueños y amores rotos, de compartir sonrisas y amistad, de buenas tertulias que arreglaban mundos, y de chascarrillos de amores entre amigos. En aquel tiempo gracias a Mariajo les hice una caricatura a todas las chicas que se licenciaban del Santa Isabel y como esa compartimos muchos dibujos y regalos con Bruce Springsteen como portada de juego.


Por las noches la fiesta se repartía entre cervezas y grupos de amigos, el casco viejo era el punto de encuentro, era raro el fin de semana en el que no coincidíamos en un bar o en otro. Apelotonamiento, sudor y desfase se combinaba en aquellas noches, cargadas de vasos de plástico y publicidades sin acento.


Las cucarachas y los cerebritos ponían la nota de sabor a una carrera que poco a poco Mariajo iba acabando, mientras yo me dedicaba más a trabajar en lo que era lo mío, la creatividad y el diseño. Aún así no dejamos de vernos regularmente, por suerte ella aguantó bastantes años en Zaragoza y seguimos compartiendo nuestras vidas alrededor de un buen café o una cerveza.


Llegamos a trabajar durante un tiempo, el uno enfrente del otro, mira que la Plaza España de Zaragoza tampoco es que tenga muchas posibilidades, pero ella estaba en la Diputación con los Cursos de Verando de la UIMP y yo enfrente en mi Agencia de Publicidad. Por suerte o por desgracia, marchó para Londres y creo que allí sigue, la fuimos a ver a Santander y a Londres y la verdad que aunque no mantengamos una amistad para nada convencional e intensa le guardo uno de mis mejores rinconcitos en el corazón que el tiempo ya se encargará de curar.


Por eso, cada vez que paso por Santander, camino de nuestra casa en Asturias, me acuerdo de la Pepa, de su sonrisa, de su forma de reírse, de sus cosas, de lo vivido y lo soñado, de esos recuerdos de amistad de la Universidad que no se pueden borrar. Todavía guardo en casa una cápsula del tiempo suya que le tengo que entregar, una serie de cosas que me entregó para que le guardase después de dejar uno de sus pisos de Zaragoza, sólo espero podérsela dar cuanto antes y que montemos una fiesta para celebrarlo. Felicidades Mariajo y te quiero ver pronto por Zaragoza.

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