miércoles, 7 de noviembre de 2012

Teta de monja



Ahí están, en una tienda que hace esquina con la Plaza del Pilar de Zaragoza, enfrente de la Basílica y flanqueada por la Seo, rodeada de regalos religiosos y tiendas de beatos, son las tetillas de monja, con una novicia que me mira y me dice "cómeme", y yo por un momento me ruborizo y sonrío a partes iguales.


Mientras los curas pasan camino a sus misas o al Palacio Arzobispal, su postre espera escondido en un escaparate, dulce placer catado en otros tiempos que ahora se deja para el resto de los mortales. Tetillas blancas de pezones astillados, en competencia con el cabello de ángel, las pelotas de fraile, pedos de monja y el bocato di cardinale, tentadoras se muestran tras el cristal y la novicia me sigue mirando y me dice "cómeme".


De cerca el producto pierde y más bien parecen timbres de broma, cuando desaparece la monja se va todo el encanto y no te lo tomes a pecho escaparate, pero también desaparece toda la magia. Ahí te dejo, con tus misas y tu blanco pudor, ahí te dejo aunque la novicia me mire y me diga "cómeme".

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