Un día me desperté y vi que todo había cambiado, las calles eran avenidas y las ciudades no tenían límites, me conecté a mi ordenador y quise compartir con todos las pequeñas cosas que me pasan en el día a día, compartir también mis pensamientos, mis fotografías, mis paseos, mis miradas, los sueños, las ideas y todo aquello que tiene que ver conmigo, ya que al día, me pasan muchas cosas, algunas serias, muchas mundanas y otras más divertidas. Va por todos vosotros amig@s ya que no os dedico todo el tiempo que debería. David al día abre sólo los días laborables.
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Hoy os traigo un cuadro realizado en 1990, sobre papel y con técnicas mixtas, el fondo y el mar están con aerógrafo. En el dibujo de Mar adentro se notan mucho las influencias de la época, al igual que pasaba en el de Fuente esperanza, como son los Héroes del Silencio, la Estación del Silencio y su mural de fondo.
Mar adentro, la rabia contenida y el presagio de la tormenta sobre la calma.
Corría un miércoles 19 de junio en Leache, sus calles habían amanecido pronto, el cabrero había recogido las cabras a primera hora y mientras los animales corrían en busca del pasto, en casa Matías y en casa Sorraco se preparaban para la celebración de una boda. El día había amanecido fresco, en un año de posguerra que había sido muy duro para todos, apenas hacía un año que había acabado la guerra y todavía se lloraban los muertos del pueblo, otros, los que habían vuelto se recuperaban del dolor y de todo el horror que sus ojos habían visto. El racionamiento y la tristeza se había impuesto en aquellos tiempos en los que tan sólo era importante tirar para adelante.
Así lo hiceron, Máximo Goñi Moriones y Angelita Loperena Salinas. Máximo tenía entonces 36 años, se había librado de la guerra por cuidar las tierras y a la familia junto con su padre Valentín y sus dos hermanas mayores, la Visi y Paulina, su hermano pequeño con el que se llevaba tres años, partió hacia el frente y consiguió volver, pero nunca volvió a ser el mismo. Ángelita tenía 26 años aquel 19 de junio, aunque estaba para cumplir 27 un mes después, en julio, la guerra le había dejado la cara marchita y su ropa de luto al tener que enterrar hacía poco tiempo a su hermano Jesús Loperena que había vuelto del frente con fiebres y tiritonas que el médico de Aibar no pudo curar, de cuatro que eran en casa en un comienzo, ya sólo dos, ella y su madre María Salinas Sola, su padre Ángel y ahora Jesús se habían quedado por el camino.
Para Angelita aquella boda suponía un gran paso, su difícil relación con su padrastro Ignacio Zabalza no hacía fácil el día a día, y conforme se había hecho mayor, todavía era peor. Para Máximo era distinto, pero en el fondo también era un reto, de trabajar con su padre pasaba a llevar sus propias tierras y tomar sus propias decisiones, y vaya si las quería tomar, siempre andaba pensando en levantar viñas o plantar olivos, en tiempos en los que la prudencia llevaba a ser mucho más cauto.
Angelita limpiaba sus collares y ajustaba su vestido negro, entonces todavía no se llevaban los trajes blancos de boda, sus hermanastras más pequeñas le ayudaban en un día en el que las ilusiones lo desbordaban todo de una forma contenida, sin aspavientos. Máximo, en su casa se repeinaba con gomina su pelo y ajustaba el nudo de la corbata sobre su camisa blanca. Pronto empezó gente a desfilar para dar la enhorabuena al novio y catar algo de desayuno, el poco que se podía repartir. A las 12 llegó la misa y las campanas de la iglesia de la Asunción llamaron a boda a todo el pueblo, los labradores ya habían vuelto de la faena, para arreglarse en la medida de lo posible, aunque alguno todavía volvía por el camino con su mula cargada cuando salían de la iglesia la pareja de novios, ya casados, entre gritos de alegría y parabienes, y muchos niños pequeños correteando de un lado a otro.
La comida se hizo en casa Matías y allí corrió lo que podía correr, que era más bien poco, aunque Valentín, su padre, intento que fuera lo mejor que podía, para eso era el primer hijo que se le casaba. Después baile con los músicos del pueblo, en un ambiente distendido y en el que el calor apretaba, y el sol pegaba fuerte sobre las solanas y las paredes de piedra de las casas. Tras el barullo, bromas de quintos y alguno que se retiraba chisposo a casa, Matías y Angelita se quedaban por fin solos, sin prudencias ni cortapisas, comenzando una nueva vida juntos, de la que apenas Máximo pudo disfrutar 13 años más antes de fallecer, pero fueron 13 años en el que no paró de hacer cosas y fruto de ello fue que el 2 de junio del año siguiente, nacía su primera hija, a la que pusieron por nombre María Isabel y que es hoy mi madre. Felicidades abuelos.
Un dibujo de 1989 de 100x70 cms. a rotulador y cada hoja y tronco dibujado uno a uno, con detalles escondidos que sólo se pueden ver en el dibujo original. Recuerdo este dibujo realizándolo en las noches calurosas de junio mientras los exámenes de la facultad se amontonaban y el bochorno de la noche provocaba gotas de sudor que rondaban por la frente.
Hace un tiempo que vi Enredados (Tangled) del año 2010 de la Walt Disney Feature Animation, dirigida por Nathan Greno y Byron Howard, que también participó en Bolt; al guión Dan Fogelman basándose en un cuento de los hermanos Grimm (Rapunzel) y guionista a su vez de las dos secuelas de Cars. Rapunzel es un cuento mucho más crudo que la película, donde un padre por salvar su vida es capaz de negociar la vida del hijo que espera con la hechicera, cuando nace la hechicera, la dama Gothel, la cuida y la encierra en una torre a los doce años, usando su cabello largo para subir a la torre. El hijo del rey la descubre y al intentar liberarla se cae de la torre se queda ciego. Pasaron años y un día el heredero escucha la voz de Rapunzel que tras llorar por su presencia, dos lágrimas caen sobre los ojos de su amado y se curan al instante, y finalmente viven felices.
La película de Disney invierte a los personajes y la heredera del reino pasa a ser Rapunzel y su amado un ladronzuelo de la corte. El guión se deja llevar por la historia, sin grandes alardes y primando la maravillosa animación que lleva toda la película, y es que lo mejor de la película es la creación de los personajes, su dibujo y su animación que casi rozan la perfección. Por momentos recuerda a muchas películas de Disney anteriores, como Aladdin, o la buenísima Como entrenar a tu dragón de más reciente factura.
Por suerte Enredados pese a acabar bien no posee la moralina habitual en Disney, nuevos valores aparecen en esta película como la rebeldía, la traición, la muerte, el odio, la usura y otros temas que levemente se habían tocado en las predecesoras películas de Walt. Este punto hace que no sea la película más recomendable para los más infantiles de la casa, aunque sí para los que ya pueden opinar y debatir sobre estos temas, aunque la película las trate con extremada simpleza y poca profundidad.
El personaje de Rapunzel es adorador, dulce, de grandes ojazos, ingénua y rápidamente enamoradiza aunque con final feliz. Siempre acompañada de su fiel camaleón Pascal y adornada con su larga cabellera que baila en toda la película entre el viento y sus movimientos.
El malote de la película, Flynn Rider, con los toques más clásicos de Disney y recordando bastante a Aladdin, baila durante toda la película en el lado de la traición benévola, y sólo al final su arrepentimiento parece real, aunque siempre será cuestionado.
Gothel es la hechicera y se encuentra fenomenalmente representada, oscila toda la película con una maldad contenida, que fruto del engaño consigue controlar para hacer creer a Rapunzel que es su hija, de la que extrae canciones y sus largos cabellos dorados que son las que le aportan la juventud, el secreto que los reyes robaron de su planta mágica (Rapunzel).
Los paisajes son verdaderamente soberbios, una naturaleza en la que por momentos se pueden contar todas las hojas de los arbustos y los árboles, bañados por un sol y luz puramente oníricos, y sacados de cualquier ilustración clásica de un libro de cuentos. Magnifica la dirección de arte.
Maximus es el caballo de la Guardia Real del obstinado capitán que quiere recuperar la corona del reino que ha robado Flynn Rider, es la mascota protagonista principal de la película y recuerda a algunos perros de otras películas Disney. Muy bien caracterizado y aporta bastantes de los puntos de humor de la película, siempre alternando entre las reglas y el orden, con la posibilidad de saltárselas por una buena causa.
Los hermanos Stabbington son los grandes malos de la película junto con Gothel, compañeros de correrías y hurtos de Flynn Rider, fieles antagonistas que no entienden su enamoramiento y su aparente cambio de actitud. Impresionante su caracterización que recuerda a los hermanos mayores de los Dalton o a algún pirata de otras películas de animación.
También son increíbles los personajes de la taberna "El patito modosito", una guarida de bandidos y malos a cual peor y que pasan de dar miedo a ser los más simpáticos y fieles ayudantes de la pareja de enamorados. Agresividad y dulzura en un buen trabajo de animación de los personajes
Al final los padres vuelven a recuperar a su hija, a la que no le importó perder sus poderes cortándose el pelo para salvar la vida de su amado. Una escena de Disney en la que vemos morir a uno de sus personajes, aunque siempre con final feliz.
Y por supuesto final feliz con los enamorados y toda la gente feliz en el reino. En una película en la que disfrutas con las historias de antes, simples y sencillas, pero tocadas con los nuevos efectos de la animación. Una película que sin ser una joya te hace pasar un buen rato, como si entraras dentro de un tebeo que leíamos con siete u ocho años, una oportunidad para volver a soñar con princesas.
Y es que no hay nada mejor que acabar un cuento con lo de fueron felices y comieron perdices.