jueves, 13 de enero de 2011

Que la mentira no se ajuste a tus deseos



Últimamente leo y releo varios capítulos de mi libro tortuga Déjame que te cuente de Jorge Bucay, y le llamo libro tortuga, al igual que a tantos otros que leo, ya que apenas leo más de dos o tres páginas al día para intentar asimilar en la medida de lo posible su contenido, y es lo que me ha pasado cuando en varios capítulos Jorge Bucay entra en el concepto de la mentira.


A todos nos molesta que nos mientan, por que no es lo mismo decir la verdad que no mentir, y para decir la verdad no es necesario contar nuestra verdad, basta con no mentir. Pero se puede decir la verdad mintiendo, ya que se puede interiorizar tanto una mentira que acabe convirtiéndose en la verdad de uno mismo, yo mismo recuerdo que en la adolescencia utilizaba este mecanismo, mi mente inquieta y creativa creo una historia en mi cabeza que un día expuse a un compañero de clase en el instituto como si fuera la mayor verdad, y como se la creyó, cada día la iba completando y sucedían cosas nuevas como en un libro, siempre había capítulos nuevos de mi verdad, con el tiempo me di cuenta de lo absurdo de mi hecho, mi cobardía me impidió contarle nunca la verdad, pero me arrepiento, en esa mentira no hacía más que trasladar lo que a mí me gustaría y lo que él quería oir. Con los años el haber hecho una reflexión sobre la mentira y darme cuenta de lo estrecho de su camino me ha ayudado a resistirme a que la mentira se ajuste a mis deseos y tampoco a los de mis oídos.


Una reflexión muy importante que aporta el libro y que creo que debo superar, es el creer que cuando alguien miente, me mienten a mí, personalizo el problema como si fuera sólo hacia mi la mentira, y realmente el que miente, miente, me miente a mi y le miente al mundo. El mentiroso no miente para que no le juzguemos y valoremos su acción, como podría parecer, él mismo ya se ha juzgado y por eso emplea el mecanismo de la mentira como solución a algo que no es capaz de resolver por otros medios, y lo cuenta por si tal vez alguien más es capaz de darle credibilidad a su mentira, y así poder transformarlo en una verdad, agarrarse a ese nuevo ladrillo de mentira para trazar una nueva construcción arquitectónica. Reflexionar sobre que el mentiroso no me quiera mentir me ayudó mucho, que él mismo se juzgue antes me pareció triste, tiene que ser duro juzgarte a ti mismo, detectar un problema y en lugar de resolverlo, querer taparlo con mentiras que siempre son multidireccionales, de esta forma no podemos dejarnos entrar en que su problema se convierta en nuestro problema, y reconozco que superar esta fase me cuesta mucho, no me gusta la gente que no afronta los problemas, pero tengo que aprender a que no sean mis problemas. Si hay un problema con las mentiras, lo tiene el mentiroso.


Aunque no nos lo creamos, desde pequeños nos educan para mentir, las malditas mentiras piadosas no son más que el aprendizaje hacia mentiras superiores, nuestros padres se hartan de decirnos que no hay que mentir y ellos nos dicen que los Reyes con sus camellos han entrado por el balcón del salón, nos asustan diciendo que viene el lobo y nos mienten para intentar conseguir lo que consideran correcto, y más allá del juego infantil está el mecanismo del aprendizaje de la mentira. Estos días, mi madre le decía a su nieto que su abuelo se había ido de viaje en lugar de decirle que estaba ingresado en un hospital para hacerse unas pruebas, al niño no le habría afectado la verdad, pero mi madre se juzgó a sí misma y decidió decirle lo que ella misma habría querido oir. Lo cuenta muy bien Jorge Bucay en un minicuento en el que nos vemos reflejados muchos:

Un niño acaba de ser descubierto en una mentira.
El padre deja de hacer lo que estaba haciendo y se sienta con su hijo para explicarle, en lenguaje sencillo, por qué tiene que decir siempre la verdad, pase lo que pase y caiga quien cai…
Suena el teléfono.
El hijo que está tratando de ganar puntos, dice:
-¡Yo voy!- Y corre a atender el teléfono.
Al cabo del rato, regresa.
- Es el corredor de seguros, papá.
-¡Uf! ¿Justo ahora? Dile que no estoy.


Ciertamente, no nos enseñan a no mentir, tan sólo nos dicen que no hay que mentir, lo de hacerlo ya es aguja de otro costal. Para saber si algo es mentira o verdad sólo hay alguien que lo puede saber con certeza y es el emisor de la mentira, pero nadie tiene más posibilidades de caer en un engaño que aquel para quien la mentira se ajusta a sus deseos. Aquellos que se creen nuestras propias mentiras nos las pueden estar devolviendo el doble, sólo si te rebelas ante la mentira te empezarás a dar cuenta de las mentiras de los demás. Vivir de las mentiras es malo, muy malo, mentirse a uno mismo peor, mucho peor, no parar el castillo de naipes de las mentiras es un suicidio, muy suicidio. En el fondo siempre está el miedo a admitir la verdad y antes que reconocerla para muchos es mejor crear una mentira. No lo hagáis sufriréis el doble y lo trasladaréis a todos los que tengáis cerca y haréis daño a aquel al que la mentira no se ajuste a sus deseos. Afrontar el problema es acudir a la verdad, eludir el problema es vivir en la mentira.

Os dejo con un último minicuento de Jorge Bucay que lo expresa perfectamente:

En un pueblo había un señor que tenía una rara enfermedad en los ojos.
El hombre había estado ciego durante los últimos treinta años de su vida.
Un día llegó al pueblo un famoso médico a quien consultaron por su caso.
El doctor aseguró que operando al hombre podía devolverle la vista.
Su esposa (que se sentía vieja y fea) se opuso.

miércoles, 12 de enero de 2011

Dibujo by Goñi 005



Un dibujito de hace unos cuantos años en el que acabé de matar unos cuantos rotuladores fluorescentes, el dibujo es fruto de las esperas que aveces nos hace tener el ordenador y éste es un garabato que acabó siendo algo más.

martes, 11 de enero de 2011

Timbres 002



002/ Cada vecino en su bando: seis vecinos que se sepa según los timbres de esta casa y algún hueco del que algún vecino ha retirado su interruptor, dos izquierdas, dos derechas y un bajo y cada uno de su padre y de su madre, lo de los cables también es otro misterio ya que pocos siguen la línea recta como camino entre vecinos. Dos circulares y cuatro rectangulares, pero todos distintos, los dos de arriba que se parecen más se diferencian por una campana y una bombilla, nadie se ponía de acuerdo en este portal, hasta dos de ellos eliminaron sus nombres y sólo dejaron Dcha y 3-IZ (que suponemos quiere decir izquierda). La pintura tampoco se ha apiadado de ellos y en lugar de pintar con cuidado el fondo se han ensañado con alguno de los vecinos, principalmente con el del segundo izquierda, manías que se tienen entre vecinos. Ubicación: Casco viejo de Vitoria.

lunes, 10 de enero de 2011

Timbres 001



Inicio una nueva serie con otro de mis objetos fetiches, los timbres, son los grandes olvidados de las ciudades y cada día se van cambiando por sofisticados porteros automáticos que ni de lejos llegan al encanto de los antiguos timbres, para preservar su recuerdo a cada timbre curioso que veo le saco una foto y que de esta forma nunca se quede en el olvido. Los timbres son esos objetos que emiten un sonido, diferente en cada uno de ellos, y que es la señal para que alguien te abra la puerta de su intimidad, es la llamada de atención de alguien que en ese momento te quiere ver, es el ruido de la puerta de entrada.

001/ En la reunión de vecinos cada uno por su lado: los timbres de la foto son de una calle de Vitoria y por lo que parece la comunidad de vecinos no se llevaba muy bien, cada timbre se fue colocando en momentos distintos y lleva cableado propio hasta la vivienda, ninguno de los cuatro timbres es igual, el del piso 1º colocó un letrero bien grande y un pulsador con un botón rojo para que llamara la atención, el del piso 2º más humilde en tamaño de cartel y de interruptor más moderno, el del piso 3º parece que no quería amigos ni que nadie le llamase, aunque en la foto parece intuirse los tornillos de un pequeño timbre entre el piso 2º y el 4º, el del 4º nota el paso del tiempo sobre su cuerpo de plástico roto y su pulsador pequeño comparte espacio con un tornillo de cada tamaño y por desgracia ya no funciona, el cable que le comunicaba con la vivienda ha desaparecido, haciendo de él un timbre sin voz, el del 5º (suponemos) también es moderno y es un timbre obeso, de los grandes, aunque esté arriba que se me vea, parece que dice.

domingo, 9 de enero de 2011

Cumpleaños con el Salud



Hoy mi padre cumple 77 años, nacía un martes 9 de enero de 1934, en un día muy frío de Anguiano, aquella noche se habían marcado cinco y tres grados bajo cero. Mi abuela Melchora daba a luz a mi padre con la sabiduría de bastantes partos más a sus espaldas, mi abuelo Valentín se debatía entre la alegría y la preocupación de alimentar a una boca más mientras se secaba la frente con su brazo a la altura de su boina. Mi padre, Marcelino se había convertido en el pequeño de la casa en el día de San Nicanor y San Marciano, menos mal que no le pusieron esos nombres. Mi padre es un tipo curioso, de pensamiento único y repetitivo, bueno hasta hartarte y de un pesado cariñoso las cinco primeras veces y cansino las siguientes, gran trabajador y perfeccionista (un lujo de herencia que me ha dejado), práctico e inquieto, siempre tiene que estar haciendo algo, desconoce que es no hacer nada, capaz de recorrerse toda una ciudad por un kilo de peras que estén a su gusto y capaz de perder la noción del tiempo cuando sale a pasear. Mi padre es un gran tipo con 76 años de experiencia a sus espaldas y con ese parecido a Jesús Vázquez de joven.


Mi padre no es mucho de cumpleaños, por eso ignora que el día de su nacimiento también era el cumpleaños de Jose María Escrivá de Balaguer (1902), el fundador del Opus Dei; de Lee Van Cleef (1925), el malo de las películas del oeste; y posteriormente también lo sería de Doménico Modugno, Joan Báez o de Jesulín de Ubrique. Menuda mezcolanza de capricornios. También en aquel día de otros años Nelson fue enterrada con todos los honores en la catedral de Saint Paul en 1806, la guerra de secesión americana encendía la chispa en 1861 con el suceso de "star of the west" en Carolina del sur y Juan de la Cierva realizaba en 1923 el primer vuelo del autogiro.


Los periódicos de quel día planteaban una España pre-bélica, anticipando la próxima Guerra Civil, los obreros se habían sublevado esas navidades en La Rioja con los ecos de Asturias y de otras zonas, muchos habían sido detenidos y se celebraban sus juicios en esos días.


Por contra, en Logroño se estrenaba King-Kong y Raquel Meller ofrecía unos conciertos, en los teatros se realizaban obras de Muñoz Seca o Buero Vallejo.


El tiempo ha pasado y 76 años después ha tenido que celebrar su cumpleaños en una habitación de hospital del Miguel Servet en Zaragoza, entró la semana pasada para hacerse unas pruebas en Urgencias y hasta el día de hoy allí sigue. Está perfectamente, lo que es todo un alivio, pero los cardiólogos están de vacaciones y hasta mañana no se reanudan a sus puestos.


El día de ingreso lo vivió con mi hermano y después de estar numerosas horas en los boxes, lo pasaron al Observatorio de Urgencias, allí se pasó dos días hasta que lo subieron a planta.


Y aquí está en su habitación, sin poder celebrar su cumpleaños junto a su nieto que es lo que más le hubiera gustado, pero con la tranquilidad de saber que aparentemente todo está en perfectas condiciones. El día ha amanecido lluvioso, un poco como los sentimientos, un poco tristes y apagados por tener que estar haciendo viajes de un lado a otro, para estar lo más posible con él. Felicidades padre.


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