lunes, 23 de julio de 2012

Muñecas atletas



Nuestro mundo, en la mayoría de las ocasiones, se circunscribe a lo que conocemos por nosotros mismos, o lo que descubrimos a través de nuestros amigos, así me paso a mi una mañana de sábado en el centro deportivo Siglo XXI de Zaragoza. El día anterior había llegado nuestra amiga Inma con su hija Eider desde Gasteiz, ese sábado tenía competición con su club de gimnasia artística, una disciplina que nunca había podido ver en directo y que la verdad, impresiona.


El pabellón estaba repleto por un lado de niñas perfiladas en sus mallas de llamativos colores y con sus pelos recogidos entre horquillas de Bob Esponja y coleteros de colores, y por el otro con padres y amigos que vivían con pasión el esfuerzo de sus niños. La algarabía controlada de unas se compensaba con la concentración de otras en la barra de equilibrio, las barras asimétricas, el suelo o el salto de potro. Jueces y entrenadores a su lado jaleando y perfeccionando sus ejercicios.


Eider se concentraba sobre la barra fija, sobre la que bailaba intentando repetir el ejercicio de sus entrenamientos. Las juezas no perdían detalle, una al movimiento de sus brazos, otra a los pies, ajena a esas miradas un cuerpo de niña saltaba como si flotase en una barra en la que difícilmente cualquiera aguantaríamos de pie más de unos segundos.


Suspiros y aplausos que coinciden con aterrizajes sobre la barra, algunos más afortunados que otros, pero siempre al filo de una gran dificultad. Parece mentira como sus cuerpos se comban y se estiran, haciéndonos olvidar por un momento lo niñas que son. Aplausos cierran el ejercicio mientras en los otros lados se ejecutan ejercicios simultáneamente.


Ahora toca descanso, miradas a la madre furtivas, mientras observa con detenimiento los ejercicios de las niñas que le preceden. Caras de concentración que dejan atrás duros entrenamientos, que sólo el deporte llevado a juego sabe compensar.


El entrenador les da las últimas indicaciones para el ejercicio siguiente, serio, sin una sonrisa, como si hablase a los mayores, recuerda todo aquello que se ha estado repitiendo en los entrenamientos. Eider, como si fuera una mayor, escucha atentamente y nada replica.


Dando tiempo y mientras los trofeos aguardan, ellas se animan, se entienden, compensan nervios y ninguna piensa en el triunfo, es lo que menos les importa en esos momentos, luchan contra ellas mismas, sin presión, pero intentando hacerlo siempre mejor.


Comienza el ejercicio de suelo de Eider, sus cuatro esquinas las recorre entre saltos y piruetas, cabriolas que le he visto hacer en medio de la calle, ahora se convertían en un ejercicio acompasado a la música y buscando la perfección en los giros y saltos.


Sobre el suelo su cuerpo vuela y aterriza con la suavidad de un ángel, se cimbrea y flexiona en figuras que me parecen increíbles. Mientras la música suena a todos se nos retiene un poco la respiración. Gritos de madres animan en mitad del ejercicio, que en su final se rompen en aplausos.


Para terminar toca el último ejercicio, el salto de potro, Eider ensaya en un par de ocasiones, con su entrenador siempre atento a los pequeños detalles. Carrera plena de energía y brazos fuertes que impulsan al cuerpo para el salto final y la recepción en un suelo acolchonado que dificulta el equilibrio. Por este ejercicio recibió el oro en esa competición y os dejo el vídeo para que lo valoréis vosotros mismos.



Después acabaron todos los ejercicios, y las atletas se volvieron a convertir en niñas, riendo y corriendo por entre las sillas, buscando a madres y padres, o a cualquier familiar que se había dejado las gargantas por ellas. Sus sonrisas volvían a las caras antes serias de concentración, caras que por un momento se habían convertido en las de muñecas atletas.

4 comentarios:

  1. Esta niña es una pasada, la verdad es que impresiona.

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  2. No sabía que Eider hacía gimnasia rítmica.
    Me he quedado impresionada con el salto del potro, y con las fotos que le has hecho.
    Y con lo mayor que está! Parece mentira, ya hablo como las abuelas: cómo pasa el tiempo.
    Me alegro mucho de tener noticias de ella, y de comprobar cuánto se esfuerza para mejorar.
    Besos

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    Respuestas
    1. Pues ya ves, parecía tan pequeña y ya en plena competición.
      Un besito para ti Raquel.

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