jueves, 11 de abril de 2013

Los topos errantes I: Hirō Onoda



Después de rebuscar entre las páginas del viejo libro de Los Topos, investigando me he topado, y nunca mejor dicho, con las curiosidades de tres topos japoneses de la II Guerra Mundial, todos en condiciones distintas a la de los republicanos españoles, los japoneses Hirō Onoda, Shōichi Yokoi y Teruo Nakamura quedaron abandonados en el frente de combate y allí aguantaron escondidos sin saber que la guerra ya había finalizado, continuando algunos de ellos con su labor de espionaje al enemigo y esperando que sus tropas llegaran para atacar o para salvarlos.


Hirō Onoda
9/3/1922
Onoda fue entrenado como oficial de inteligencia por el comando Futumata de la escuela de Nakano durante la II Guerra Mundial, inmediatamente junto a otros compañeros el 26 de diciembre de 1944 lo enviaron a la isla Lubang en Filipinas. Sus órdenes eran muy claras, debía hostigar con ataques de guerrillas a las trompas estadounidenses, que muy pronto invadirían la isla, y especialmente debía atacar la pista de aterrizaje y el embarcadero del puerto para que no pudieran ser usados por el enemigo. Y la última de sus órdenes fue que no debía rendirse ni suicidarse bajo ninguna circunstancia.



Al desembarcar en la isla se sumó a un grupo de soldados japoneses que ya estaban allí con anterioridad, los soldados eran de rango superior a Onoda y a pesar de que les transmitió sus órdenes, éstos le impidieron llevar a cabo su misión. Así, el 28 de febrero de 1945, las tropas de EEUU tomaron sin ningún problema la isla. Sólo quedaron Onoda y tres soldados, el resto o habían muerto en refriegas con los norteamericanos o se habían rendido. Onoda fue ascendido a teniente y ordenó a los tres soldados que quedaban tomar las colinas de la isla.


Onoda vivió en las montañas junto con Yichi Akatsu, Shoichi Shimada y Kinshichi Kozuka, se ocultaron y evitaron combates con su enemigo conocedores de su debilidad, siempre en espera de su rescate. En octubre de 1945 desde unos aviones lanzaron unos folletos anunciándoles del fin de la guerra diciendo: "La guerra terminó el 15 de agosto de 1945 ¡Bajen de las montañas". Onoda desconfió. A finales de ese mismo año volvieron a lanzar nuevos folletos ahora firmados por la rendición del general Tomoyuki Yamashita, lo examinaron y decidieron que era un nuevo engaño. Ya llevaban un año ocultos en la montaña. Yuichi Akatsu se alejó de sus compañeros y acabó rindiéndose a las fuerzas filipinas en 1950 e informando de la existencia de más soldados en las montañas. Onoda se volvió todavía más vigilante y cuidadoso en sus movimientos.


Los años siguientes se lanzaron nuevos folletos con fotos y cartas de familiares, pero Onoda siempre pensaba que era una trampa. En 1953 Shoichi Shimada cayó herido en un tiroteo con unos pescadores y finalmente fue asesinado por un grupo que salió en su busca. El último compañero de Onoda, Kinshichi Kozuka, fue asesinado por la policía local el 19 de octubre de 1972 mientras hacía tácticas de guerrilla quemando arroz junto con Onoda. Norio Suzuki un joven estudiante japonés salió en busca de Onoda conocedor de las noticias, el 20 de febrero de 1974 lo encontró y se ganó la confianza de Onoda, pero se negaba a rendirse esperando órdenes de un superior. Suzuki se hizo unas fotos con Onoda y las llevó a Japón como prueba.


Suzuki localizó al mando superior de Onoda, el mayor Taniguchi, ahora librero, y lo llevó hasta la isla Lubang e informó a Onoda de la derrota de Japón y de que debía deponer las armas. El teniente Onoda finalmente salía de su auto-cautiverio después de 29 años escondido en la selva de la isla filipina. En la rendición portaba su uniforme, su espada, su fusil tipo 99 Arisaka en perfecto uso, 500 cartuchos y algunas granadas. Se convirtió así en el penúltimo soldado japonés en rendirse tras la guerra, el último fue Teruo Nakamura.


El entonces presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos, le otorgó el indulto a pesar de que en esos 29 años había matado a una treintena de hombres y había participado en varios tiroteos con la policía local. Onoda pudo por fin regresar a su Japón natal y fue recibido como un héroe y conminado a que formara parte de la Dieta de Japón, el máximo poder del estado de acuerdo con su Constitución y control político del país.


Publicó su propia autobiografía No surrender: my thirty-year war (Sin rendirse: mis treinta años de guerra). Onoda se convirtió en una persona publica que no entendía que lo que había hecho fuera objeto de tanta devoción y criticaba profundamente la debilidad de los valores tradicionales japoneses, lo que le llevó en abril de 1975 a salir de Japón hacia Brasil acompañando a su hermano mayor que ya estaba allí instalado dedicado a la cría de ganado. Se casó en 1976 y fue un líder para la colonia japonesa brasileña.


En 1980 después de leer que un adolescente japonés había asesinado a sus padres, decidió regresar a Japón y creó el Onoda Shizen Juku (Escuela de la naturaleza Onoda), un campamento para inculcar los valores tradicionales japoneses para la educación de los jóvenes. En 1996 volvió a la isla Lubang y donó en la escuela local 10.000 dólares americanos. En la actualidad todavía sigue vivo, todo un topo errante.



















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Los topos autóctonos I
Los topos autóctonos II
Los topos errantes II: Soichi Yokoi

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