miércoles, 9 de enero de 2013

Punto y final hasta el año que viene



Las Navidades ponen punto y final, agotan los suspensivos que hasta ahora nos marcaban, para abandonar sus atuendos y ropajes y enterrarlos en el arcón del tiempo que se abre cada año. Las calles ponen punto y final a esas luces que ponían techo a unas calles en las frías noches de diciembre. Luces de colores que atraían las miradas de los niños desde los cristales de los coches o desde las aceras con los consiguientes dolores de cuello. Ahora se marchitan esperando que las retiren, poco a poco, a su merecido descanso.


Las calles ponen punto y final a su sarpullido de colores tras la noche de fin de año, recuerdos húmedos de gente que abraza las aceras al perder el punto de equilibrio, barullo y música que se emana del fragor de la batalla. Ahora, silencio, frío y barrenderos que escoba en mano se afanan en borrar las huellas de una noche siempre inolvidable, para lo bueno o para lo malo.


Los belenes ponen punto y final, hartos ya de dejarse ver por unos y por otros, hartos ya de ser manoseados por los más pequeños de las casa en un sin sentido de vaivenes maliciosos. Su caja de zapatos les espera, allí descansarán apretujados, el pastor con la virgen, el buey con los patos, el molino con el puente, los reyes magos con las ovejas, quietos y cogiendo polvo a la espera de ser rescatados de nuevo en un día de diciembre.


Punto y final a un árbol de Navidad que cada año es rescatado con cariño para ocupar su lugar entre papeles de plata y luces de colores. Ahora, pasada la Navidad, sus brillos ya no son tan bonitos y una nueva caja de zapatos recoge los espumillones, las bolas doradas y plateadas, las estrellas, las felicitaciones de los nietos y los regalos de pega, para que cojan polvo junto a la caja del belén.


Punto y final a las comilonas, puros ejercicios de glotonería sana, al menos para el espíritu. Atrás quedan el qué hacer, el se me ha quedado seco o el echa un poco más, que tengo sed, tras la cuarta copa de cava. Punto y final a levantarse a mitad de noche para beber agua y al ver las sobras de las comidas, dar un paso atrás y entonar un vade retro Satanás creyendo que todo volvía a empezar de nuevo. Ahora toca un punto y seguido para acabar con las sobras. Feliz año hasta el año que viene.

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