jueves, 29 de marzo de 2012

Leache VI: a la muerte vas caminando



Aunque suene un poco mal, siento predilección por los cementerios de los pueblos, y el de Leache no es menos, está lleno de historia, de tiempo retenido entre verjas oxidadas y hierbas que nacen indisciplinadas al compás de un muro que ha visto pasar miles de historias tristes sin aparente consuelo.


Al cementerio se accede remontando la carretera, pasando por las tres cruces y tras una agradecida cuesta abajo un camino se abre a la izquierda, justo en frente del antiguo campo de fútbol que tantas carreras nos ha visto hacer de un lado para otro. Se sube ese caminito y enseguida se llega al cementerio, desde allí se divisa perfectamente el pueblo, con la torre de la iglesia como máximo estandarte y casas con paredes encaladas que refulgen entre los verdes árboles.


A la izquierda se intuye la carretera por los árboles que la circundan, hasta un poco de Aibar se intuye en el fondo. A la derecha un camino se abre hacia el monte y conduce a la ermita blanca que en la cima siempre espera a un día de mitad de agosto para que todo el pueblo de Leache y todos los que estamos fuera le hagamos una visita y apreciemos unas buenas costillas de cordero al fuego de una brasa de sarmientos.


Sobre la puerta de entrada, un dintel con una cruz en el centro y dos puntas de lanza mira con intimidación a cualquier visitante, en la cruz reza la siguiente leyenda: "Tu que me estás mirando. A la muerte (b)vas caminando", el año no se ve con claridad, podría ser 1833 ó 1883.


Pasado el trago de la entrada un escenario de cruces que surgen desde el suelo como si fueran flores me espera, a diferencia de otros cementerios en los que las lápidas marcan el territorio del ataud, en el cementerio de Leache tan sólo hay 3 ó 4 tumbas con lápidas y frentes, dos de ellas las de mis abuelos, somos unos insurrectos que dirían en Leache.


Sobre la pared descansan frentes de formas curiosas, este con una forma cilíndrica con dos picos en la parte inferior, reza con el siguiente texto: "El día 20 de septiembre subió a la gloria el niño Domingo Ayesa (Ayeta) (Aveta) el año 1825. RIP". Una hornacina cuadrada parecía albergar alguna decoración que ya no ha llegado a nuestros tiempos.


Diseminadas por todo el cementerio se encuentran diferentes cruces de hierro oxidadas, algunas soldadas y acabadas sin mucho arte, y con gran pena han desaparecido los textos que indicaban al morador de la tumba, sin quererlo puedo estar viendo la cruz de algún antepasado mío y ni tan siquiera saberlo.


Un poco más adelante a otra cruz, igualmente oxidada, le sucede lo mismo, en este caso sobre los braceros de la cruz surgen unas volutas como si fuera una reja, a sus pies el suelo quebradizo por la falta de lluvias no marca tumba alguna si no fuera por su cruz.


Más al fondo, donde el suelo se hace más irregular otra cruz roñosa del paso del tiempo se inclina hacia el suelo, cansada y agotada, con el dueño también olvidado y sin nadie que por Todos los Santos le traiga un ramillete de flores, a no ser de las que surgen silvestres de la naturaleza agradecida.


Ya entre las matas que se crían a la sombra de la tapia otra cruz surge de las sombras, también se decae sin rubor, y por la forma de su chapa y la inclinación hasta parece una calavera con sus dos tibias.


Con un poco más de lujo esta cruz de hierro fundido partida en su crucero, sobre la piedra que hormigonada sostiene al ángel, que triste y sólo se ha quedado cuidando de una tumba en la que es difícil imaginar la causa de tal destrozo y a nadie le gustaría pensar que es fruto de una gamberrada.


En uno de los laterales me topo con la cruz de un Goñi, antepasado mío seguro, así dice en la placa: "Fortunato Goñi Aguerri. Fallecido el 23 de enero de 1967 a los 83 años de edad". Curiosamente nació el mismo día y el mismo año en que nacía otro Goñi, mi hermano Alfonso. Fortunato, Arregui según mi madre, vivía con su hermana Juana en la que casa que tienen ahora los de Salaverri en la plaza del pueblo, y era primo o primo segundo de mi abuelo.


En uno de los lados se encuentra esta cruz de piedra con dos Goñis tallados dice así: "Fallecieron Victoriano Goñi e Inocencia Goñi. Edades 62 y 27. RIP". Según la memoria de mi madre, que a veces es tan turbia como la mía, Victoriano era de casa el Cantero, la de al lado de casa Sorraco, y entre otras cosas tallaban las piedras para las lápidas funerarias, y se nota en lo trabajada de la cruz. Hijo de Victoriano fue José Goñi que era albañil y tuvo varios hijos entre ellos Agustín, la Ascen, la Ino (en claro recuerdo a la Inocencia de la cruz de piedra) y la Tere que trabajó de sirvienta en casa Doncel.



Un poco más allá había otra tumba de otro Goñi, que dice: "José Goñi Aranguren, falleció el 2 de diciembre de 1966 a la edad de 68 años. Su esposa e hijos le dedican este recuerdo". Tal vez sea el hijo de Victoriano Goñi, pero mi madre no lo recordaba.

(10/06/2016: Gracias a María Antonia Garralda que me confirma que José Goñi Aranguren nacido el 26 de mayo de 1898 en Leache era hijo de Victoriano Goñi Aguirre y Simona Aranguren Garralda, también de Leache)


Otras lápidas se adosan a la pared mimetizándose con su entorno y las lluvias y el viento se han encargado de borrar las marcas que un cantero labró para que un nombre jamás se borrara en el recuerdo, pero parece ser que no lo consiguió, hasta en esta han quedado a la luz los hierros que soportaban la cruz sobre la piedra.


Sobre la tapia en el fondo otra cruz, altiva, dice: "Aquí te aguardo. Año 1901". Se encuentra en contraposición con la de la puerta de entrada y entre las dos parece que te encierran en un trampa de la que no se puede salir.


Así es el cementerio de Leache, con sus cruces dispersas por todo su área y las tumbas de mis abuelos a la izquierda como ya os conté en otro post, el uno frente al otro, con dos tumbas iguales, pero con diferencia en el tiempo, mi abuela vivió el entierro de su joven marido acompañada de sus tres hijos y de un pueblo que vivía una cruda posguerra, nosotros vivimos el entierro de mi abuela y la nueva tumba de mi abuelo.


Vuelvo mis pasos de nuevo a la entrada, dejando atrás las tumbas que reflejan el pasado de un pueblo, resumido en diferentes casas que poco a poco se iban mezclando unas con otras. Abandono el cementerio un poco impresionado y emocionado, y tras mis pasos recuerdo la frase que me recibía al entrar: "Tú que me estás mirando, a la muerte vas caminando".

3 comentarios:

  1. creo que el año de establecimiento del nuevo cementerio es 1883... ( con reservas )

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    1. ¿Quiere decir que el cementerio "viejo" estaba en otro sitio?

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  2. El cementerio primitivo estaba como es natural, en la parte exterior de la iglesia, de la de San Martín, por que en la parroquial no había espacio exterior, y su interior se llenó, en pocos siglos.
    La parte norte de la iglesia de La encomienda, de San Martín, fué hasta finales del XIX, el cementerio. Donde actualmente juegan los niños en los columpios. Cuando los instalaron, recogí una hermosa calavera y otros huesos....¿ esto no lo leen los niños ? - ¡ Bien !
    En la foto aérea de 1929, que incluyo en el artículo que te he enviado, queda perfectamente perfilada la tapia del cementerio.

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